FUENTE INAGOTABLE DE LUZ

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Sagrados Corazones Unidos del AMOR SANTO

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Sagrados Corazones de Jesús y María, unidos en el amor perfecto,

jueves, 21 de marzo de 2013

Y QUEDARÉ SANO


ENFERMEDADES FISICAS Y ESPIRITUALES: ...Y QUEDARE SANO EN AUDIO MP3 (Padre Moisés Lárraga)










Condiciones que aceleran la curación...




El amor, el perdón, la justicia, la Gracia, y María.



1) El perdón junto al perdón divino.


Jesús es el Mensajero de la Paz, el Príncipe de la Paz. En la persona de Jesús no cabe el odio, el resentimiento, la envidia, la guerra. El vino a este mundo a enseñarnos a los hombres el perdón, y vino a enseñarnos que todos somos hijos del Padre Celestial, que es Padre de todos y nos ama a todos sus hijos sin preferencia alguna. Por eso el libro de los Proverbios nos dice: “la prudencia del hombre domina su ira y su gloria es pasar sobre una ofensa (Prov. 19,11)”. Por eso nosotros nos comprometemos en la Oración del Padre nuestro cuando decimos: “así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt. 6,12)” nuestra boca está siendo la propia medida del perdón que deseamos obtener de nuestro Padre Dios.

Perdón significa arrancar de raíz el odio, el resentimiento que son como llagas hediondas y podridas que están ahí escondidas dentro del corazón ocupando espacio. Muchísimas veces decimos que hemos perdonado e incluso olvidado, y nuestras confesiones se vuelven tan rutinarias que cuando no hay un total perdón, son como esas paredes viejas, húmedas y agrietadas, que les damos “manita de gato” con la brocha pero que solo dura un tiempo corto bonita, pues la humedad la vuelve a manchar y la grieta se vuelve a asomar. En Hechos 7,59 nos dice: “mientras le apedreaban Esteban hacía esta invocación: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Después dobló las rodillas y dijo: Señor, no les tengas en cuenta este pecado; y diciendo esto se durmió”.

Purificarse delante de Dios es justificar al que nos ofende, justificar al que nos ha hecho llorar, a aquél que nos ha humillado, lastimado, pisoteado…¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen! 

Cuantas veces nuestra Oración se queda perdida o suspendida en el aire porque olvidamos muy cotidianamente que a la persona que le guardamos odio, resentimiento o envidia, es también hijo de Dios. Ese Dios bueno y clemente que hace salir el sol sobre buenos y malos, y que claramente nos lo dice en la boca de Jesús: “ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. “Si pues al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo que reprocharte, deja tu ofrenda ahí delante del altar, y vete primero a reconciliar con tu hermano, y luego vuelves y presentas tu ofrenda (Mt 23)” . A Dios no le agradan nuestras ofrendas cuando tenemos el corazón ocupado con el odio, con la envidia y el resentimiento. Parecemos mentirosos delante de Dios cuando le estamos pidiendo que nos perdone, que nos libere o que nos sane, cuando nosotros somos quien con nuestra actitud detenemos la sanidad.

“No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados (Lc. 6,37)”. A veces nos volvemos demasiado exigentes con nuestros semejantes, exigimos más de lo que nosotros somos capaces de dar; exigimos perfección y nosotros no somos perfectos, pedimos perdón y no somos capaces de perdonar, hablamos del amor y no sabemos amar. 

“Cuidaos de vosotros mismos; si tu hermano peca repréndele, y si se arrepiente perdónale, y si peca contra ti 7 veces al día y 7 se vuelve hacia ti diciendo *me arrepiento*, le perdonarás (Lc 17,3)”. 

Guardar rencor es como guardar la madre del vinagre que fermenta el agua, poco a poco irá ese rencor fermentando y aquel rencor se convertirá en una gran enfermedad del alma, que aflorará al cuerpo con otra enfermedad. “No te vengarás ni guardarás rencor contra tus hijos, amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19,18)”. Dios nos exige perdonar para poder creernos que lo amamos, no podemos decirle a Dios que lo amamos y estar odiando al hermano, se nos olvida lo que siente el Padre Dios.
Lucas 6,27 y Mateo 5, 38-48: El nos enseña a perdonar no solo una vez, no dos, sino 70 veces 7 (Mateo 18,21).

Jesús defiende al pecador arrepentido, y por encima de todo y cualquier obstáculo le da Su perdón. Te invito hermano a perdonar ¡te invito a sanar! te invito también a pedir perdón y a reconocer tus errores. Se que si tu haces esto, al final de este librito habrás comenzado un nuevo camino de sanidad, que ni la ciencia con todo su esplendor ha podido lograr.

Examina tu interior y trae a tu memoria a aquellos que te hicieron el mal, toma entre tus manos un Crucifijo y di la siguiente Oración de perdón: “Oh Señor Jesús, hoy quiero poder perdonar con tu ayuda y con el Poder de tu Sangre. Señor Jesús permíteme ir lavándome cada grieta de mi alma con tu Preciosa Sangre; permíteme la Luz del Espíritu Santo, para que pueda alumbrar las áreas oscuras de mi pasado. 
Quizá ahí en un rinconcito esté un gran resentimiento, un grano podrido causado por el odio, el pecado y la falta de amor, y dolor. Quizá mi Jesús no he perdonado porque no soy consciente de ese resentimiento. Ese resentimiento que tal vez lo tenga hacia mi madre, y desde que estaba en su vientre, o hacia mi padre, o a mis hermanos o familiares...



...o a personas que han estado junto de mi. Jesús, tu puedes ser mi Maestro, tu puedes ser mi amigo. Jesús ¡ten piedad de mí! ¡Libérame como liberaste a María Magdalena de aquellos 7 pecados! ¡Jesús libérame y sálvame! ¡Ten piedad de mí y permíteme liberarme cada mañana y cada día al acostarme de cualquier resentimiento! Permíteme decir todos los días con el corazón *perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden* ¡Gracias Señor Jesús!”



2) El amor.


Una exigencia primordial en el proceso de sanidad es el amor. En el enfermo el amor es como un bálsamo que alivia, un bálsamo que da tranquilidad, la paz, la luz al espíritu. Amar significa ponernos los anteojos de Jesucristo. El que nos ha amado tanto tanto que dio su vida por nosotros.
El amor es un mandato, no una forma de sentir. El amor es una decisión; optar por vivir de frente al Padre, optar por imitar los sentimientos de Cristo, y este es un mandamiento: que amemos en Nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a los otros tal como nos lo mandó (1ª Jn 3,23).

Amar a Dios significa manifestarle nuestro amor en el prójimo, pues cuando nosotros ofendemos o lastimamos al prójimo, es a Dios mismo a quien lastimamos y ofendemos. “Quien se burla de un pobre, ultraja a su Hacedor; quien se ríe de la Gracia, no quedará impune (Prov 17,5)”
El Apóstol San Juan muy claramente nos exhorta a ser coherentes en nuestra actitud hacia Dios y hacia el prójimo, “si alguno dice amo a Dios y aborrece a su prójimo, es un mentiroso, pues quien no ama a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1ª Jn 4,20)“.

En la Sagrada Escritura Dios nos recomienda elegir el amor que los bienes: “mas vale un plato de legumbres con cariño, que un buey cebado con odio (Prov. 15,17)”, así que es preferible amar a Dios y al prójimo, que mil promesas, mandas y veladoras. Mas vale el amor que las riquezas, pues “si nos falta el amor no nos sirve de nada aunque hablara las lenguas de los Ángeles y de los Santos, si yo no tengo amor nada soy (1ª Cor 13)”. 
Dios señala el amor como el ayuno que a El le agrada. “Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera el holocausto tu no lo querrías (Sal 51)”. El amor al prójimo hace que brote del corazón la luz de Dios, y la sanidad de nuestras heridas interiores y exteriores. 

El perdón va unido al amor. En Isaías 58,8 la Palabra de Dios nos dice: “entonces brotará la luz como la aurora y tu herida se curará rápidamente. Te precederá la justicia, la Gloria de Yahvé te seguirá. Entonces clamarás y Yahvé te responderá, pedirás socorro y te dirá *aquí estoy*. Resplandecerá en las tinieblas tu luz y lo obscuro de ti será como mediodía. Te guará Yahvé de continuo y hartará en las sequedades tu alma”.
Este texto nos permite comprender la importancia del amor; cómo Dios se manifiesta en aquellos que obedecen sus mandatos. Así que hermanos, ahí tienen una tarea importante en la vida para seguir caminando hacia la sanidad definitiva.

Toma la imagen de Cristo Crucificado y dile: “Señor Jesús, estoy en tu presencia para solicitarte como la samaritana *Señor dame de esa agua que tu tienes*, Señor sana las heridas del desamor que hay en mi corazón. Pongo Señor Jesús en la llaga de tu divino costado todos mis egoísmos, lava Señor con el agua de tu costado mis resentimientos y odios. Señor Jesús enséñame a amar en el prójimo; Señor Jesús quiero imitar tu corazón: tu Corazón Misericordioso, y quiero a través de esta sencilla Oración pedirte que me des el Don del amor. Enséñame a perdonar y a pedir perdón; enséñame Jesús a morir a mis egoísmos como tú ¡enséñame Jesús a justificar!” 




3) La Justicia.


En la Sagrada Escritura la justicia para Job comienza en el amor al prójimo, y el primer mandamiento nos dice: “amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo”. Así que la justicia también debe comenzar en nosotros mismos; una persona que habla de amor y que le dice a otra que la ama y no piensa en Dios, no es digna de Dios. 
Cuando ha dudado o tiene tanto tiempo sin recibir la Gracia del Sacramento del Perdón, o del Sacramento de la Eucaristía, o que vive amancebada o en la situación de pecado establecido, sin importarle que esa misma noche vaya a morir, esa persona es una persona injusta, ya que ignora totalmente los bienes de su Padre Celestial y prefiere vivir comiéndose las bellotas de los cerdos, que disfrutar de los manjares exquisitos que hay en la Casa Paterna Celeste.

Cómo puede una persona hablar de justicia si no es justa consigo misma; cómo puede exigir justicia si no conoce ni vive la justicia. Así que es necesario que dejemos de ser injustos con nosotros mismos. Es entonces que desde el centro del corazón del hombre brillará el deseo de hacer el bien, de dar a cada quien lo que justamente le toca: “no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”.
Así que “la justicia comienza en guardar y poner cabalmente en práctica todos estos mandamientos ante Yahvé nuestro Dios, como El nos lo ha prescrito (Dt 6,25)”.



La justicia es fuente de vida, es fuente de sanidad y es fuente inagotable de amor. La persona justa es reconocida y estimada, y por su justicia brillará delante de Dios y de los hombres; se le reconoce por su don de sabiduría y prudencia, se le reconoce por su poco hablar, pues vigila hasta de no robarle el tempo a las personas, y hasta de no perder el tiempo en conversaciones y cosas inútiles y vanas.
“Quien va tras la justicia hallará vida y honor (Prov. 21,21)”. Al justo Dios lo recompensa con gran abundancia; el justo participa de la heredad de Dios y es reconocido entre los hombres de la tierra como una persona santa y buena. Se vuelve un canal maravilloso del amor de Dios; participan de la saciedad delante de Dios.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque de ellos será la saciedad de Dios (Mt. 5,6)”. Dios ama la justicia, por eso en su Palabra dice: “el justo florecerá”. Sabemos también que Dios por su Justicia –Justicia que ejerce con equidad- juzgará a las Naciones, pues en la justicia es lo que un pueblo encuentra su elevación. Dios reprende la mentira, la explotación, el robo, la calumnia, el soborno, la pérdida de tiempo, los negocios sucios, la prostitución, la ambición, el chantaje. “Maldito aquel que acepta soborno para quitar la vida a un inocente (Dt 27,25)”. Ora conmigo así de esta manera: “Oh Dios de amor y perdón, oh Dios de infinita bondad, hoy vengo junto a tu altar a implorarte perdón. Mas hoy quiero pedirle a tu Corazón ardiente que con ese calor inflame mi corazón de hielo; mas si quisiera fallarte y en el pobre insultarte, no permitas Señor que por mi vanidad se aleje de mi tu celestial manjar”.




4) La Gracia.


Es tan difícil conservar la Gracia cuando nos movemos en un ambiente apático a Dios nuestro Señor. Es tan difícil conservar la Gracia cuando nuestro espíritu se alimenta de todo aquello ligero que el mundo ofrece: la lujuria, la televisión con sus programas deshonestos, la pornografía, la moda desordenada, la música irreverente; las guerras, el hambre, los vicios. 

Parecería que todo todo está fríamente calculado para que el hombre no se alimente de los bienes de Dios. Hoy en día el demonio sigue vistiéndose de luz y engaña ferozmente al pueblo de Dios; a sus consagrados, a sus religiosas y religiosos. A los laicos comprometidos, a los líderes eclesiales y consejos parroquiales; nos engaña dándonos una conciencia laxa, una conciencia justificadora y manipuladora de la Palabra de Dios; a todo le damos disculpa y salida cuando se trata de disculpar el mal en nosotros mismos, pero cuando se trata de ver el mal en los demás somos demasiado críticos ¡despiadadamente críticos!, tenemos ojos muy severos y sentenciadores para el hermano, pero pocas veces nos fijamos en lo bueno de los demás. 

A mi a veces me causa demasiada extrañeza cuando alguien me comenta que tal o cual personaje que se cree importante, se escandalizó por alguna palabra o acto que yo realicé sin afán de ofender o lastimar. Pero fue uno entre mil buenos, no se fijó en ninguno de los buenos, no, solo tuvo mirada para uno que él juzgó mal. Por ejemplo: en un numeroso retiro en un lugar por ahí, yo la noche anterior estuve muy mal, casi no dormí; era muchísima la gente y a la hora del paseo con el Santísimo, entre esa gran multitud que llena de ansiedad emocionada al paso de su Señor y un calor sofocante, y al ir cargando yo la Custodia de bastante peso por espacio de 2 horas, yo sentí en un momento que me tambaleaba, era demasiado el calor y sentí que casi me caía, se caía también mi Señor de mis manos. 

En un acto de amor a mi Jesús no quise que se cayera ni que lo tocaran mas, me lo subí y apoye en el pecho y enseguida por un momento lo apoyé en mis hombros para que no lo tocaran, pues sentí que era la parte más fuerte donde el Señor se sostendría con seguridad. Ahí estaban los ojos críticos y sentenciadores; ahí estaban para ver, según ellos, una irreverencia y no un acto de amor. Ahí estaban para ver un Sacrilegio y no una debilidad humana ¡no vio el peso de la Custodia de 40 kilos!, no vio ni sintió el calor; no vio el cojo que caminó ni el ciego que vio ni al canceroso que sanó ¡no, no los vio!, le faltó la Gracia, le faltó la Gracia Santificante para contemplar el acto de amor y la entrega y la fidelidad ¡no, no vio nada de eso! ¡Sino que sólo que subí el Santísimo a mis hombros y eso era una irreverencia y eso bastaba para condenar! 

San Pedro nos dice en una de sus cartas: “Velad y vigilad porque el demonio anda como león rugiente buscando a quien devorar”. Conservar y cuidar la Gracia requiere de estar tomado continuamente de la mano de Jesús; requiere de reverencias, requiere de alimentarse del Cuerpo de Cristo diariamente, si es posible, de confesarse continuamente, como mínimo cada mes. Conservar la Gracia es igual que estar enamorado; es el enamorado que vigila, que cuida hasta los mínimos detalles de amor para que su enamorado, Cristo, siempre esté contento. La Gracia es un canal de luz hacia la Santidad y hacia la sanidad. Es facilitarle a Jesús el camino para que actúe, pues hay que recordar de tan conocida frase de San Agustín: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, 



y aquel hermoso soneto: “No me mueve mi Dios para quererte, el Cielo que me tienes prometido, ni me mueve el Infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Muéveme tu Señor, muéveme al verte clavado en esa Cruz y encarnecido ¡que aunque no hubiera Cielo yo te amara, y aunque no hubiera Infierno te temiera, pues lo mismo que te quiero te quisiera!” 




5) María Santísima.


Nosotros por nuestra conducta de pecadores, nuestra condición de pecadores, nos entorpecemos de la mente en el momento de Orar. Necesitamos mucho la presencia del Espíritu Santo para que nos ayude a pedir como conviene. Obtener esa experiencia en plenitud es muy difícil si no hay esa entrega total al Señor. Y quien mas entregado con esa totalidad plena que la Santísima Virgen María; ella, la llena de Gracia, la creatura mas amada del Padre. Ella que llevó en sus entrañas purísimas a Jesús el Hijo de Dios. Jesús a la Santísima Virgen no le niega nada, es por eso que nosotros debemos de acudir continuamente a nuestra Madre Santísima, para que ella pida por nosotros como conviene, para que ella Interceda por nosotros.

La Santísima Virgen por ser la Madre del Verbo encarnado, tiene también el Poder que su hijo y el Padre le han otorgado, y ella también nos bendice y nos concede numerosos favores de los grandes tesoros que del Cielo ha recibido y Dios le ha concedido a ella. Ella por ser la primera y única creatura digna y Purísima, encuentra Gracia plena delante del Trono Celestial y de su hijo Jesús. Nuestra Oración no sería completa ni escuchada tan eficazmente, como cuando ella intercede y pide por nosotros.

El rezo del Santo Rosario con el corazón diariamente, es la palanca más fuerte en los labios del enfermo, y de los familiares del enfermo para obtener la intercesión de la Santísima Virgen María. La Virgen María es la enfermera especializada en el pueblo de Dios. De su corazón misericordioso al igual que del Corazón de Jesús Misericordioso, brotan rayos de luz que iluminan al pecador, rayos de luz que calman el dolor, la tristeza y la soledad.

Hay un dicho muy popular que si lo analizamos es muy cierto: “el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”, y que mejor sombra que la Madre del Altísimo, que mejor sombra que la Santísima Virgen María. El Poder de la Intercesión es único en ella. “Dice su madre a los sirvientes: *haced lo que el os diga*“. Ella logró con su intercesión el favor de Cristo.

Hay almas piadosas que se preocupan si están progresando en la virtud o si están estancadas, o mas bien si han retrocedido lamentando tiempos pasados de mayor fervor. Hay un termómetro para reconocer el grado de fervor, por tanto, si el alma va progresando o no en el camino de la perfección: ese termómetro es la devoción a María. No pretendo que toda la vida espiritual consista en la devoción a la Santísima Virgen María, solo se trata de un indicio, así como no consiste la vida en el pulso pero si sirve para conocer sí se ha extinguido o perdura todavía, pero esta devoción debe de ser sólida, es decir, fundada en la doctrina de la Iglesia; genuina y práctica. Es decir, que no consista sólo en idealismos sino en la práctica de la vida cristiana.

Devoción viene de la palabra latina “devotio” que significa consagración, dedicación, entrega, al servicio de Dios. En el lenguaje cristiano este lenguaje consiste desde luego en el cumplimiento de sus mandatos: “el que me ama cumplirá mis preceptos” dice la Palabra de Dios; en rendirle el culto debido, todo lo cual no debe hacer sino el amor de Dios. 

Como se ve, la devoción más que en actos consiste en una disposición habitual; se refiere fundamentalmente a Dios, pero guardada la debida proporción se aplica también a María, su devoción consiste en la Consagración a María, entregándole todo lo que somos y todo lo que hacemos para pertenecer de una manera mas perfecta a su Hijo divino. Es entregarnos y dedicarnos a su servicio, que consiste en obedecer la orden que nos dio: *hagan lo que le les dice*, y todo esto debe ser una manifestación salida del amor y devoción a la Santísima Virgen María. Todo esto es una manifestación de amor y amistad con la Santísima Virgen, y la amistad requiere de una semejanza entre amigos, así que también tenemos que ejercer la caridad, a ejemplo de nuestra Madre y amiga.

Tenemos que esforzarnos en imitar a la Santísima Virgen en sus virtudes, y aunque María fue perfeccionista en todo y llena de virtudes, hay tres, sin embargo, que sus devotos deben esforzarse en adquirir: 

a) una humildad profunda
b) una fuerza luminosa
c) una dulzura exquisita

Concluyamos esta sencilla reflexión de la Santísima Virgen María con este pensamiento: “¿Quién ha exaltado más a Jesús? Ella, la Inmaculada María; la nueva Eva; la bellísima Mujer vestida del Sol. Ella la que tiene la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas (Ap 12,1. 10,6)”.
Ella ha sido colocada por encima de todas las cosas ¡La Reina del Cielo, que está siempre en la Presencia del Trono de Dios Altísimo!
Acudamos a ella con un amor auténtico y con una devoción auténtica. Que nuestro amor a ella nos lleve siempre a procurar honrar y obedecer a su hijo Jesucristo, el Señor de señores. Ella es nuestra Madre; ella, ella es la Señora, la Señora Bonita, la Reina del Cielo, nuestra protectora y defensora, ¡la Inmaculada, nuestra amiga!

Ora continuamente a ella así: “Acuérdate oh piadosísima Virgen María que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamado tu socorro, haya sido abandonado por ti.
Animado con esta confianza a ti también acudo ¡oh Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a presentarme ante tu presencia soberana. No desprecias mis súplicas, oh Santa Madre de Dios, antes bien óyelas y atiéndelas benignamente. Amén”.
 


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ORACIONES DE SANIDAD Y LIBERACIÓN
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miércoles, 20 de marzo de 2013

Señor San José, aumenta nuestra fe




San José: acude a nosotros en los momentos difíciles.

Concédenos, sagrado San José que siempre bajo tu protección, podamos pasar nuestras vidas sin pecado. 

San José nuestro Padre y Señor, bendice a todos tus hijos de la Santa Iglesia de Dios.

San José, padre adoptivo de Señor Jesús y verdadero esposo de María siempre Virgen, ruega por nosotros. 

Glorioso San José, alcánzame de Jesús y María, gran fe y plena confianza en la Divina Providencia.

San José, modelo y patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

San José, modelo de amor al Señor; bendice a tu pueblo y llévalo a Dios.

San José, esposo y padre elegido por Dios para conducir la Sagrada Familia de Nazareth, protege nuestras familias.

San José, Padre adoptivo de Jesucristo y verdadero Esposo de la Virgen María, ruega por nosotros y por los agonizantes de este día (noche).

 

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"San José, guardián de Jesús y casto esposo de María,
tu empleaste toda tu vida en el perfecto cumplimiento de tu deber,
tu mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el trabajo de tus manos.
Protege bondadosamente a los que recurren confiadamente a ti.
Tu conoces sus aspiraciones y sus esperanzas.
Se dirigen a ti porque saben que tu los comprendes y proteges.
Tu también conociste pruebas, cansancio y trabajos.
Pero, aun dentro de las preocupaciones materiales de la vida,
tu alma estaba llena de profunda paz y cantó llena de verdadera alegría
por el íntimo trato que goza con el Hijo de Dios,
el cual te fue confiado a ti a la vez que a María, su tierna Madre.
Amén." -- Juan XXIII


¡Bendito seas San José,
que fuiste testigo de la Gloria de Dios en la tierra.
Bendito sea el Padre Eterno que te escogió.
Bendito sea el Hijo que te amó
y el Espíritu Santo que te santificó.
Bendita sea María que te amó!



ORACION A SAN JOSE DEL PAPA LEON XIII 

Suele rezarse esta oración en los meses de marzo y octubre,
al terminar del Santo Rosario.
A Vos, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación;
y, después de invocar el auxilio de vuestra Santísima Esposa,
solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio.
Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades.
Proteged, oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y corrupción; asistidnos propicio, desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro en esta lucha con el poder de las tinieblas; y, como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús del inminente peligro de su vida, así, ahora, defended la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir y piadosamente morir y alcanzar en el Cielo la eterna felicidad. Amén




MEMORARE A SAN JOSE
(Adaptado por SCTJM)

Acuérdate, oh guardián del Redentor y nuestro amoroso custodio, San José, que nunca se ha escuchado decir que ninguno que haya invocado tu protección o buscado tu intercesión, no haya sido consolado. Con esta confianza acudo a ti, mi amoroso protector, casto esposo de María, padre de los tesoros de Su Sagrado Corazón. No deseches mi ardiente oración, antes bien recíbela con tu cuidado paterno y obtén mi petición….(Aquí se menciona la petición)

Oh Padre, que en tu designio de amor elegiste a San José para ser esposo de la Santísima Virgen y el custodio de los misterios de la Encarnación, concédenos, te imploramos que a través de su paternal intercesión, recibamos las gracias de disponernos con generosidad y humildad de corazón a cumplir tus designios de amor para nuestra vida y para nuestra Familia Espiritual. Amén.

¡San José, llévanos a nuestro hogar, dirige nuestros corazones al Corazón de la Madre y al Corazón del Nino!
San José, Custodio de los Misterios de amor de los Corazones Traspasados….ruega por nosotros.
 
Amén


 


Preces a San Jose
Custodio de los Dos Corazones


San José, padre virginal de Jesús,- Rogad por nosotros.San José esposo virginal de María,- Rogad...San José, hombre justo según el corazón de Dios,- Rogad...San José, custodio fiel de la Madre y del Hijo de Dios,- Rogad...San José, confidente íntimo de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, -Rogad...San José, fiel imitador de las virtudes de estos Sagrados Corazones,- Rogad...San José, modelo de vida oculta y de íntima unión con los Sagrados Corazones de Jesús y de María,     Rogad...San José, modelo de generosidad para con los Sagrados Corazones de Jesús y de María, -Rogad..San José, consolado en vuestras pruebas por estos Sagrados Corazones, -Rogad....San José, que vivisteis en Nazaret en la paz de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, -Rogad...San José, revestido de autoridad paternal sobre el Sagrado Corazón de Jesucristo, -Rogad...San José, ardiente en amor hacia los Sagrados Corazones de Jesús y de María, -Rogad...San José que aprendisteis la dulzura, la humildad y la misericordia en la escuela de estos Sagrados Corazones, - Rogad...San José, instruido en la vida interior en la escuela de estos Sagrados Corazones, -Rogad...San José, que participáis en el cielo de las delicias de estos Sagrados Corazones, - Rogad...San José, que ocupáis en el cielo un lugar cerca de Jesús y de María,- Rogad...San José, poderoso protector de la Iglesia,- Rogad...San José, compasivo abogado de la Iglesia,- Rogad...

Adelantad con vuestras súplicas el triunfo de la Iglesia- ¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!
Consolad y proteged a nuestro Soberano Pontífice- ¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús! 
Cuidad y defended a nuestra amada patria- ¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!
Pedid para nosotros el amor de los Sagrados Corazones- ¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús! 
Rogad por todas las Familias- ¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús! Rogadpor todas la Congregaciones Religiosas- ¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!Rogad por los Sacerdotes y los Misioneros- ¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!Rogad por todos los Apóstoles de los Dos Corazones- ¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús! Rogad
 por todos los pecadores y los que están en el error- ¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!
Oración
¡Oh Dios, que ofrecéis a San José como modelo de la verdadera devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, y nos lo dais como patrono en medio de las pruebas que afligen al mundo y a la Iglesia! Concedednos por su intercesión la gracia de llegar a ser verdaderos hijos de estos Sagrados Corazones. Os lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.



Rosarios de San JoseHay dos rosarios dedicados a San Jose

El primer rosario de San José
Está compuesto por nueve misterios, divididos en tres partes. Cada una de ésta partes está compuesta por una década de cuentas, haciendo un total de 30 cuentas en honor a los 30 años que San José pasó en compañía de Jesús y María. En cada una de las cuentas se reza un Ave María y se termina cada década con un Gloria al Padre.

Los Misterios son los siguientes:

Misterios de la Primera década:
1. La Encarnación
2. La perplejidad de San José (ante el embarazo de la Santísima Virgen)
3. El nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén.

Misterios de la Segunda década:
1. La Presentación del Niño Jesús en el Templo.
2. La Huida a Egipto.
3. El niño Jesús hallado en el templo.

Misterios de la Tercera década:
1. La vida oculta de Jesús en Nazaret.
2. La muerte de San José.
3. La coronación de San José en el cielo.

Al concluir el Rosario de se rezan tres actos de contrición y se le pide a San José que obtenga el perdón y la misericordia.

El segundo rosario de San José

Está dividido en 15 grupos de cuatro cuentas cada uno, de las cuales una es blanca y las otras tres son color púrpura. Las cuentas blancas simbolizan la pureza de San José y las púrpuras su santa piedad. Un misterio del Rosario se considera en cada una de las cuentas blancas (un total de 15) y se rezan dos Ave Marías. En las cuentas color púrpura se reza: "¡Bendito y alabado sean Jesús María y José!"

El Rosario se termina con la siguiente oración:
V. Ruega por nosotros, Oh glorioso San José!
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo!
Oración:
" Oh Dios, quien predestinaste a San José desde toda la eternidad para el servicio de tu eterno Hijo y de su Madre, y le hiciste digno de ser el esposo de esta Virgen bendita y padre adoptivo de tu Hijo: te rogamos que a través de todos los servicios que brindó a Jesús y a María en la tierra, que nos hagas dignos de su intercesión y nos concedas gozar de la alegría de su compañía en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

sábado, 16 de marzo de 2013

Diez frases contundentes (y un vídeo) del Papa Francisco que no le dejarán indiferente

"No quiero ofender, pero si crees que Cáritas es una ONG, te has equivocado", dice en un vídeo el entonces cardenal Bergoglio.
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Juan Bosco Martín Algarra / La información  
 Pérez Esquivel, Nobel de la Paz, desmiente que Bergoglio fuese cómplice de la dictadura
“Con mucha vergüenza hace años hemos asistido a lujosas cenas de cáritas en las que se rifaban joyas y cosas fastuosas. Te equivocaste: eso no es Cáritas”.

Esta frase se puede escuchar en el video que hay al final de este artículo. En los últimos años, cuando el Papa Francisco era el cardenal Bergoglio, obispo de Buenos Aires, no ahorró duras críticas contra un sistema económico y social injusto.

Destacamos estas diez frases que abarcan diversas temáticas sociales:
1. Contra la trata de seres humanos “Buenos Aires es una fábrica de esclavos y una picadora de carne (...) ¡Por favor, no nos lavemos las manos, porque si no somos cómplices de esta esclavitud! (...) Hay esclavos que fabrican estos señores que están a cargo de la trata. Buenos Aires es una picadora de carne que destroza la vida de estas personas y les quiebra su dignidad”. 13 de julio de 2010. Homilía pronunciada durante una misa en el barrio de Constitución (Buenos Aires).
2. Sobre la justicia social "El que duerme en la calle no se ve como persona sino como parte de la suciedad y abandono del paisaje urbano, de la cultura del descarte, del ‘volquete’". 26 de agosto de 2011, ante 400 delegados –laicos, sacerdotes, religiosas y religiosos- de las diócesis de la Región Pastoral de Buenos Aires, que participaban en el Primer Congreso Regional de Pastoral Urbana.
3. Contra los sacerdotes que no bautizan bebés de madres solteras "Estos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen". 4 de septiembre de 2012, en la misa de clausura del encuentro de Pastoral Urbana de la región pastoral de Buenos Aires.

4. Sobre la cultura de la vida; contra el aborto y la eutanasia "Hay que poner la cara y decir: esto es cultura de la vida, esto es vida, todo lo contrario a la cultura de la muerte; si alguien ve que alguna de estas cosas falta, díganle que no, que por ese camino no se va a ninguna parte, que por ese camino se fracasa siempre". 1 de septiembre de 2009, en el santuario de San Ramón Nonato a quien tradicionalmente las madres gestantes le agradecen el don de la vida y las mujeres le piden su intercesión para quedar embarazadas.
5. Sobre la ley de matrimonio homosexual en Argentina “No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una movida del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”. 8 de julio de 2010, en una carta dirigida a las religiosas carmelitas de Buenos Aires.



6. Sobre la explotación laboral "He dicho que los que lo que nos enseñaban en el colegio, que la Asamblea del año XIII abolió la esclavitud, son cuentos chinos. En Buenos Aires tan vanidosa, tan orgullosa, sigue habiendo esclavos, sigue habiendo esclavitud". 29 de marzo de 2011. Misa en el lugar donde funcionaba un taller clandestino en el que murieron seis personas calcinadas por un incendio en 2006.
7. Sobre el episcopado argentino "Descuidamos fácilmente el ministerio de la predicación y, para vergüenza nuestra, nos continuamos llamando obispos; nos place el prestigio que da este nombre, pero en cambio no poseemos la virtud que este nombre exige".
11 de noviembre de 2009. Ante el plenario de la conferencia episcopal argentina.

8. Sobre los peligros del laicismo "Al hacer como si Jesucristo no existiera, al relegarlo a la sacristía y no querer que se meta en la vida pública, negamos tantas cosas buenas que el cristianismo aportó a nuestra cultura, haciéndola más sabia y justa; a nuestras costumbres, haciéndolas más alegres y dignas". 8 de agosto de 2010, homilía en la celebración religiosa dedicada a San Cayetano en el barrio porteño de Liniers
9. Sobre la educación de los niños"Nunca podremos enseñarle a un chico el horizonte de grandeza de la patria (…) si usamos nuestra diligencia como escalón de nuestras ambiciones personales, para nuestro trepar cotidiano, para nuestros mezquinos intereses, para abultar la caja o para promover los amigos que nos sostienen". 15 de abril de 2010, en la homilía de la Misa por la Educación, oficiada en la Catedral frente a 5000 alumnos y docentes.

10. Sobre el peligro del "clericalismo" "Los curas tendemos a clericalizar a los laicos. Y los laicos -no todos pero muchos- nos piden de rodillas que los clericalicemos porque es más cómodo ser monaguillo que protagonista de un camino laical. No tenemos que entrar en esa trampa, es una complicidad pecadora. (...) El laico es laico y tiene que vivir como laico con la fuerza del bautismo, (...) llevando su cruz cotidiana como la llevamos todos. Y la cruz del laico, no la del cura. La del cura que la lleve el cura que bastante hombro le dio Dios para eso". Noviembre de 2011, en una entrevista hecha por la agencia argentina AICA.
... y un vídeo: "si no hay esperanza para los pobres, no la habrá para nadie, ni para los ricos".

miércoles, 13 de marzo de 2013

Artículo


Barbaridades dichas sobre el Purgatorio

Escribimos este texto como respuesta a experiencias que hemos recibido de nuestros lectores, o vivencias propias que nos han hecho reflexionar sobre tan trascendental cuestión de nuestra Iglesia
 Es habitual que gente común nos escriba con preguntas como esta: “Mi párroco me ha dicho que el Purgatorio no existe, que deje de rezar por esas cosas, que es contrario a la Iglesia Católica”. También es común que se discuta entre laicos si existe o no el Purgatorio. Déjenme iniciar este escrito diciendo que la existencia del Purgatorio es absolutamente pilar de nuestra Fe como miembros de la Iglesia Católica, como claramente lo establecen los artículos 1030, 1031 y 1032 del Catecismo Oficial de la Iglesia Católica, fundamentado en las Sagradas Escrituras, además de siglos de tradición y decenas de revelaciones de místicos y santos de la Iglesia acerca de la devoción a las Benditas Almas del Purgatorio.

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¿Por qué entonces solemos encontrarnos gente que niega esta verdad de nuestra fe? Les voy a contar una anécdota personal que ilustra la gravedad de los errores que se difunden dentro de la Iglesia, no solo entre laicos sino también entre algunos sacerdotes y religiosas, lamentablemente.

Hace algunos años lanzamos la Asociación para las Benditas Almas del Purgatorio, el portal www.benditasalmas.orgEsto lo hicimos por inspiración y consejo fundamentalmente de un santo sacerdote, amigo y consejero, que aumentó nuestra ya existente devoción por las almas. El día en que se puso el portal en línea, yo tenía una alegría espiritual inexplicable, un gozo del alma que me hacía sentir feliz de estar colaborando en algo, aunque fuera muy pequeño, con la Obra de Dios. Ese mismo día tenía una reunión en el Palacio de la Nunciatura de mi país, con un grupo de trabajo del que formaba parte dentro de la estructura oficial de la Iglesia.

Me sentía  bendecido por estar ahí justamente ese día, mimado por Jesús a través del abrazo de Su Iglesia, todo era perfecto. Durante una pausa del grupo de trabajo y mientras tomábamos café, comenté con alegría el proyecto que se acababa de lanzar para beneficio de las Benditas Almas de los difuntos. Unas señoras, de inmediato, transformaron sus rostros y con marcada agresividad me dijeron que como me atrevía a difundir semejantes barbaridades, si es que no sabía yo que el Purgatorio no existe.  Yo estaba mudo de sorpresa, y triste porque no podía creer semejante muestra de ignorancia, dicha justamente  allí. No pude responder mucho, ¡me tomaron totalmente de sorpresa!

Luego compartí el episodio con gente buena y realmente conocedora de las cosas de nuestra Iglesia, y me confesaron con tristeza que había una corriente de error que difundía esas ideas, negando verdades fundamentales de nuestra Fe. Dios, en Su casa, quiso mostrarme ese día que la importancia de difundir Sus Verdades no se limitaba a la gente alejada de El, sino de promover la Verdad y atacar la difusión del error, dentro de Su propia casa también.

El Purgatorio es una verdad fundamental de nuestra Fe, y Dios quiere que comprendamos y abracemos la unión en la Comunión de los Santos, como lo rezamos en cada Santa Misa donde pedimos por las Almas de nuestros difuntos. La Iglesia está constituida por estos tres pilares, de los que aún peregrinamos en la tierra, los que purifican sus almas en el Purgatorio, y las almas santas que ya gozan de las eternas delicias en el Cielo. Nadie, hermanos, ni sacerdote ni monja ni laico, puede negar esto sin quebrantar los principios de nuestra Fe.

Sin embargo, no es sorpresa que el mundo actual tienda a negar la existencia del Purgatorio. Esa corriente, por otra parte, no sólo niega el Purgatorio, también niega la existencia del infierno mismo. Por supuesto, ellos solo ven un cielo fácil de alcanzar al que se llega por la Infinita Misericordia de Dios. Ellos niegan la Justicia Divina, niegan la verdadera Santidad, y manipulan el verdadero sentido de la Misericordia del Señor. Hacen, como los políticos, de mentiras verdad. Esos mismos también suavizan la idea de virtud, la hacen relativa, adaptable a los tiempos modernos. Por supuesto, infierno, purgatorio, virtud, pureza, ayuno, penitencia, oración, son todas cosas pasadas de moda para ellos.

Para estas corrientes, es mejor hablar de autoestima, amor por la naturaleza, entender y aceptar todo y a todos, etc. Por supuesto que estas cosas tomadas aisladamente no están mal, pero están mal cuando se las pone en el centro de nuestra vida y se las transforma en el eje de nuestro actuar.  Como decía la canción en la película El Rey León, es la doctrina “Jacuna matata” (¿la recuerdan?, “Es una filosofía de vivir sin problemas”). A esta disciplina yo la llamaría “La teoría crediticia espiritual moderna: Goce ahora, pague eternamente”.

Dios se entristece enormemente con la facilidad que el demonio encuentra en sembrar el error y la confusión en nuestros tiempos, particularmente en aquellos que multiplican el error porque se los escucha como referentes de las Verdades de la Fe. Tenemos que ser fuertes, debemos estar atentos y discernir aquello que se nos dice y se nos enseña. Defendamos la Cátedra de Pedro como Jesús nos la legó en sus principios fundamentales, en las Verdades del Magisterio de la Iglesia que nadie puede modificar.

El extraordinario Concilio Vaticano II es un hermoso legado para nuestros tiempos, porque entre muchas otras cosas nos enseña qué cosas se deben aggiornar y adaptar a los tiempos, y que cosas se deben sostener y profundizar, porque son los Pilares sobre los que está construida la Casa. Esto es así, porque estamos en el mundo, pero no somos del mundo, y así es que debemos ser mansos como palomas pero astutos como serpientes.

Dios espera mucho de nosotros, ¡manos a la obra!

Los Cinco Primeros Sábados de Mes



Origen de la Promesa:
La Santísima Virgen dijo a Sor Lucía, vidente de Fátima: “Mira mi corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú al menos procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el rosario y me hagan compañía durante quince minutos meditando los misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación”.
Se entiende que debe ser practicado durante cinco meses consecutivos.
Los Requisitos para ganar esta promesa son:
1. Confesar (puede ser unos ocho días antes o después del primer sábado correspondiente).
2. Comulgar.
3. Rezar los cinco misterios del Santo Rosario meditados.
4. Todo ello con la intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María.
Cumplí los requisitos en la fecha: 
1º--------------------------------------------------------------------------------------
2º--------------------------------------------------------------------------------------
3º­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­--------------------------------------------------------------------------------------
4º--------------------------------------------------------------------------------------
5º--------------------------------------------------------------------------------------


www.cruzadamariana.org

ORACIÓN DE LIBERACIÓN.

ORACIÓN DE EXORCISMO. 
MONSEÑOR DIEGO ALVARADO. 
ESCRITO POR LEON XIII

Dado por Jesús a Bernabé Nwoye de Nigera, para la Devoción de la Preciosísima Sangre la cual son oraciones de exorcismos, reveladas para estos últimos tiempos.

ORACIÓN ORIGINAL A SAN MIGUEL ARCÁNGEL.

Para ser rezada sosteniendo el crucifijo en alto.

Oh Glorioso príncipe de la hueste celestial, San Miguel Arcángel, defiende nos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y potestades del aire, contra los dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los espíritus del mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de satanás.

Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los Santos Ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte ni tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza.

Transformado en un ángel de luz,  anda alrededor del mudo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición a las almas destinadas a la Corona de la Gloria Eterna.

Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad.
Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura a la Iglesia, la Esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones. En el Santo Lugar, en dónde la sede de San Pedro y el Asiento de La Verdad han sido colocados como la Luz del Mundo, ellos han levantado el trono de su abominable impiedad, con el designio inicuo de que cuando el pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas.

Entonces levántate, Oh Príncipe invencible, dale ayuda al Pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al Pueblo de Dios: Ellos te veneran como protector y patrón; en ti la Gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecidas en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros pies, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia.

Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del Señor: y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y satanás, tu nuevamente lo pongas cautivo en el abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.



L: Miren la cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos.
R: El León de la Tribu de Judá la raíz de David, ha triunfado.
L: ¡Que tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor!
R. Así como hemos tenido esperanza en Ti.
L: ¡Oh Señor, escucha nuestra oración!.
R: Y deja que mi llanto llegue a Ti.
L: Oremos.

¡Oh Dios, Padre de nuestro, Señor Jesucristo, invocamos tu santo nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre Nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tu te dignes ayudarnos contra satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas. Amén.

domingo, 3 de marzo de 2013

... antes de que el don sea concedido, es preciso adherirse a Aquel que dona; el donante es más precioso que el don.



BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Sala Pablo VI
Miércoles 14 de diciembre de 2011

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quiero reflexionar con vosotros sobre la oración de Jesús relacionada con su prodigiosa acción sanadora. En los evangelios se presentan varias situaciones en las que Jesús ora ante la obra benéfica y sanadora de Dios Padre, que actúa a través de él. Se trata de una oración que, una vez más, manifiesta la relación única de conocimiento y de comunión con el Padre, mientras Jesús participa con gran cercanía humana en el sufrimiento de sus amigos, por ejemplo de Lázaro y de su familia, o de tantos pobres y enfermos a los que él quiere ayudar concretamente.
Un caso significativo es la curación del sordomudo (cf. Mc 7, 32-37). El relato del evangelista san Marcos —que acabamos de escuchar— muestra que la acción sanadora de Jesús está vinculada a su estrecha relación tanto con el prójimo —el enfermo—, como con el Padre. La escena del milagro se describe con detalle así: «Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá” (esto es, “ábrete”)» (7, 33-34). Jesús quiere que la curación tenga lugar «apartándolo de la gente, a solas». Parece que esto no se debe sólo al hecho de que el milagro debe mantenerse oculto a la gente para evitar que se formen interpretaciones limitadas o erróneas de la persona de Jesús. La decisión de llevar al enfermo a un lugar apartado hace que, en el momento de la curación, Jesús y el sordomudo se encuentren solos, en la cercanía de la una relación singular. Con un gesto, el Señor toca los oídos y la lengua del enfermo, o sea, los sitios específicos de su enfermedad. La intensidad de la atención de Jesús se manifiesta también en los rasgos insólitos de la curación: usa sus propios dedos e, incluso, su propia saliva. También el hecho de que el evangelista cite la palabra original pronunciada por el Señor —«Effetá», o sea «ábrete»— pone de relieve el carácter singular de la escena.
Pero el punto central de este episodio es el hecho de que Jesús, en el momento de obrar la curación, busca directamente su relación con el Padre. El relato dice, en efecto, que «mirando al cielo, suspiró» (v. 34). La atención al enfermo, los cuidados de Jesús hacia él, están relacionados con una profunda actitud de oración dirigida a Dios. Y la emisión del suspiro se describe con un verbo que en el Nuevo Testamento indica la aspiración a algo bueno que todavía no se tiene (cf.Rm 8, 23). El relato en su conjunto, entonces, muestra que la implicación humana con el enfermo lleva a Jesús a la oración. Una vez más se manifiesta su relación única con el Padre, su identidad de Hijo Unigénito. En él, a través de su persona, se hace presente la acción sanadora y benéfica de Dios. No es casualidad que el comentario conclusivo de la gente después del milagro recuerde la valoración de la creación al comienzo del Génesis: «Todo lo ha hecho bien» (Mc 7, 37). En la acción sanadora de Jesús entra claramente la oración, con su mirada hacia el cielo. La fuerza que curó al sordomudo fue provocada ciertamente por la compasión hacia él, pero proviene del hecho de que recurre al Padre. Se entrecruzan estas dos relaciones: la relación humana de compasión hacia el hombre, que entra en la relación con Dios, y así se convierte en curación.
En el relato joánico de la resurrección de Lázaro, esta misma dinámica se pone de relieve con una evidencia aún mayor (cf. Jn 11, 1-44). También aquí se entrecruzan, por una parte, la relación de Jesús con un amigo y con su sufrimiento y, por otra, la relación filial que él tiene con el Padre. La participación humana de Jesús en el caso de Lázaro tiene rasgos particulares. En todo el relato se recuerda varias veces la amistad con él, así como con las hermanas Marta y María. Jesús mismo afirma: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo» (Jn 11, 11). El afecto sincero por el amigo también lo ponen de relieve las hermanas de Lázaro, al igual que los judíos (cf. Jn 11, 3; 11, 36); se manifiesta en la conmoción profunda de Jesús ante el dolor de Marta y María y de todos los amigos de Lázaro, y desemboca en el llanto —tan profundamente humano— al acercarse a la tumba: «Jesús, viéndola llorar a ella [Marta], y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: “¿Dónde lo habéis enterrado?”. Le contestaron: “Señor, ven a verlo”. Jesús se echó a llorar» (Jn 11, 33-35).
Esta relación de amistad, la participación y la conmoción de Jesús ante el dolor de los parientes y conocidos de Lázaro, está vinculada, en todo el relato, con una continua e intensa relación con el Padre. Desde el comienzo, Jesús hace una lectura del hecho en relación con su propia identidad y misión y con la glorificación que le espera. Ante la noticia de la enfermedad de Lázaro, en efecto, comenta: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella» (Jn 11, 4). Jesús acoge también con profundo dolor humano el anuncio de la muerte de su amigo, pero siempre en estrecha referencia a la relación con Dios y a la misión que le ha confiado, dice: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis» (Jn 11, 14-15). El momento de la oración explícita de Jesús al Padre ante la tumba es el desenlace natural de todo el suceso, tejido sobre este doble registro de la amistad con Lázaro y de la relación filial con Dios. También aquí las dos relaciones van juntas. «Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado”» (Jn11, 41): es una eucaristía. La frase revela que Jesús no dejó ni siquiera por un instante la oración de petición por la vida de Lázaro. Más aún, esta oración continua reforzó el vínculo con el amigo y, al mismo tiempo, confirmó la decisión de Jesús de permanecer en comunión con la voluntad del Padre, con su plan de amor, en el que la enfermedad y muerte de Lázaro se consideran como un lugar donde se manifiesta la gloria de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, al leer esta narración, cada uno de nosotros está llamado a comprender que en la oración de petición al Señor no debemos esperar una realización inmediata de aquello que pedimos, de nuestra voluntad, sino más bien encomendarnos a la voluntad del Padre, leyendo cada acontecimiento en la perspectiva de su gloria, de su designio de amor, con frecuencia misterioso a nuestros ojos. Por ello, en nuestra oración, petición, alabanza y acción de gracias deberían ir juntas, incluso cuando nos parece que Dios no responde a nuestras expectativas concretas. Abandonarse al amor de Dios, que nos precede y nos acompaña siempre, es una de las actitudes de fondo de nuestro diálogo con él. El Catecismo de la Iglesia católica comenta así la oración de Jesús en el relato de la resurrección de Lázaro: «Apoyada en la acción de gracias, la oración de Jesús nos revela cómo pedir: antes de que lo pedido sea otorgado, Jesús se adhiere a Aquel que da y que se da en sus dones. El Dador es más precioso que el don otorgado; es el “tesoro”, y en él está el corazón de su Hijo; el don se otorga como “por añadidura” (cf. Mt 6, 21 y 6, 33)» (n. 2604). Esto me parece muy importante: antes de que el don sea concedido, es preciso adherirse a Aquel que dona; el donante es más precioso que el don. También para nosotros, por lo tanto, más allá de lo que Dios nos da cuando lo invocamos, el don más grande que puede otorgarnos es su amistad, su presencia, su amor. Él es el tesoro precioso que se ha de pedir y custodiar siempre.
La oración que Jesús pronuncia mientras se quita la piedra de entrada a la tumba de Lázaro, presenta luego un desarrollo particular e inesperado. Él, en efecto, después de dar gracias a Dios Padre, añade: «Yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado» (Jn 11, 42). Con su oración, Jesús quiere llevar a la fe, a la confianza total en Dios y en su voluntad, y quiere mostrar que este Dios que ha amado al hombre hasta el punto de enviar a su Hijo Unigénito (cf. Jn 3, 16), es el Dios de la Vida, el Dios que trae esperanza y es capaz de cambiar las situaciones humanamente imposibles. La oración confiada de un creyente, entonces, es un testimonio vivo de esta presencia de Dios en el mundo, de su interés por el hombre, de su obrar para realizar su plan de salvación.
Las dos oraciones de Jesús meditadas ahora, que acompañan la curación del sordomudo y la resurrección de Lázaro, revelan que el vínculo profundo entre el amor a Dios y el amor al prójimo debe entrar también en nuestra oración. En Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, la atención hacia el otro, especialmente si padece necesidad o sufre, la conmoción ante el dolor de una familia amiga, lo llevan a dirigirse al Padre, en esa relación fundamental que guía toda su vida. Pero también viceversa: la comunión con el Padre, el diálogo constante con él, impulsa a Jesús a estar atento de un modo único a las situaciones concretas del hombre para llevarle el consuelo y el amor de Dios. La relación con el hombre nos guía hacia la relación con Dios, y la relación con Dios con conduce de nuevo al prójimo.
Queridos hermanos y hermanas, nuestra oración abre la puerta a Dios, que nos enseña constantemente a salir de nosotros mismos para ser capaces de mostrarnos cercanos a los demás, especialmente en los momentos de prueba, para llevarles consuelo, esperanza y luz. Que el Señor nos conceda ser capaces de una oración cada vez más intensa, para reforzar nuestra relación personal con Dios Padre, ensanchar nuestro corazón a las necesidades de quien está a nuestro lado y sentir la belleza de ser «hijos en el Hijo», juntamente con numerosos hermanos. Gracias.