FUENTE INAGOTABLE DE LUZ

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¡ILUMÍNANOS!

Sagrados Corazones Unidos del AMOR SANTO

Sagrados Corazones Unidos del AMOR SANTO
Sagrados Corazones de Jesús y María, unidos en el amor perfecto,

jueves, 17 de julio de 2014

Oración al Espíritu Santo

Grupo de Oración: Restaurados por el Espíritu Santo

03/07/2014
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Grupo de Oración: Restaurados por el Espíritu Santo 

Con alegría te invitamos a participar de nuestro grupo de oración con Salette Ferreira, misionera de la Comunidad Canción Nueva. Juntos meditaremos la Palabra de Ezequiel 36,25-26. Con cantos pedimos: Con señales y prodigos, en nosotros derrama tu Espíritu: ¡Restaura mi vida Señor!
“Los rociaré con un agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus inmundos ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo. Quitaré de su carne ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi Espíritu y haré que caminen según mis mandamientos, que observen mis leyes y que las pongan en práctica.” Ezequiel 36,25-26




Participa de más grupos de Oración aquí:
=> Jesus presente en la Eucaristía, reaviva tu fe 
¡Dios te bendiga!
Comunidad Canción Nueva 

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lunes, 7 de julio de 2014

Adoración Eucaristíca en la vida y en la misión de la Iglesia

En frente de la Eucaristía hay un momento en que el Espíritu Santo te hace caer en la cuenta que aquello que ves con tus ojos, es la Presencia Real de Cristo, de ahí nace el don de la piedad, que nos ayuda a desarrollar en nosotros ese sentimiento para adorarlo. 

Dios nos da a través de la Adoración la fuerza del Espíritu, para anunciar a Jesucristo; ya que el mundo no puede vivir sin el amor de Dios, sin la verdad de Dios que es la verdad del hombre. 

En este segundo programa de la serie "De lo visible a lo invisible", H.M. Televisión y la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos os invitan a redescubrir la importancia de la Adoración Eucaristíca en la vida y en la misión de la Iglesia. Este vídeo incluye entrevistas a: Cardenal Antonio Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos S. E. Mons. José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián (España) S. E. Mons. Marc Aillet, Obispo de Bayona (Francia) Mons. Piero Amenta, Tribunal de la Rota Romana Don Gabriel Díaz Azarola, sacerdote diocesano de Getafe (España) Hna. Blanca Fuentes Casal, Sierva del Hogar de la Madre

 

¿COMULGAR SIN CONFESARSE?





CONFESIONARIOS VACÍOS
Por Lic. Oscar Méndez Casanueva


Dice San Pablo, divinamente inspirado, que quien comulga en pecado mortal "come y bebe su propia condenación".
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De ahí la necesidad que nuestra alma esté limpia de todo pecado mortal para que pueda Cristo ser recibido por nosotros. De ahí la necesidad -también- de la confesión sacramental para todo aquel que se sepa en pecado grave. Recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la comunión sin estar perdonados por la confesión sacramental es un pecado gravísimo que se llama sacrilegio. Todo aquél que está en pecado grave, todo aquél que no esté en gracia santificante -misma que se obtiene por la absolución personal en el sacramento de la confesión-, todo aquél que viva en ese estado y no se confiese o se confiese mal (sin verdadero arrepentimiento e intención de evitar el pecado; es decir sin contrición y propósito de enmienda) y comulga sacramentalmente, está "comiendo y bebiendo su propia condenación", según la Palabra de Dios.
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Quienes no creen o no obedecen la moral que la Iglesia enseña, quienes no desean seguir las normas morales que Dios exige y el magisterio custodia, no deben -por ninguna excusa- acercarse a recibir la Sagrada Eucaristía.

Luego, es fundamental estar en gracia santificante para comulgar. ¡Qué importante es que vivamos en gracia y qué importante es que comulguemos con frecuencia! Pero que importante es, también, hacerlo con las debidas condiciones y con el amor necesario a Dios, estando conscientes que, precisamente, estamos recibiendo a Dios mismo presente en la hostia consagrada. Recibamos a nuestro Creador y Redentor, recibámoslo como lo que es: Nuestro Dios y Salvador, nuestro Rey y Señor.

Qué tristeza es ver que muchos viven conforme al mundo y de manera contraria a la Ley de Dios, y sin cambiar de actitudes ni confesarse van a recibir a Dios vivo presente en la hostia sin el menor discernimiento de lo que hacen, sólo por el qué dirán los demás y sin pensar en lo que Dios sí dice de esto. Es el lamentable "modernismo" que los ha impregnado, es la inconsciencia de lo que es recibir a Dios, es el permanecer en sus errores y en su vida de pecado, creyendo en un falso dios bonachón hecho a su gusto, medida y conveniencia.

Y qué tristeza es ver, también, que muchos sacerdotes "modernistas" no enseñan ya esta doctrina católica y con su silencio son cómplices del sacrilegio. Hay en ello mucha culpabilidad y Dios les pedirá cuentas. Algunos fieles tendrán el atenuante de su ignorancia (cuando ésta no sea culpable), mismo que no se presenta en los sacerdotes que, como tales, están bien instruidos y callan por contemporizar con el mundo o por una fe débil, o por poco celo pastoral y exiguo amor a las ovejas que les han sido encomendadas.

Urge, hoy, que los pastores vuelvan a hablar y enseñar esta doctrina tan olvidada por muchos o desconocida -incluso- de las nuevas generaciones. Si es tan común que nadie la cumpla, ¿les costaría mucho esfuerzo que nos la recordaran -aunque sea brevemente- durante cada celebración litúrgica?

Resulta contrastante ver tantos comulgantes y vacíos los confesionarios. ¿En verdad todos ellos estarán en gracia y no requerirán confesarse? Sin intentar penetrar en la conciencia de alguien en particular, las matemáticas parece que no cuadran y nos indican la tremenda realidad y el significado de este hecho. ¿O será realmente que alguien pueda vivir años y años sin el menor pecado mortal? Ciertamente puede ser el caso de algunas almas buenas. ¿Cuántas serán? Sólo Dios lo sabe. Si así fuera la situación de algunos, deben recordar, también, que existe el mandamiento de la confesión anual. ¿Pero, realmente, la mayoría que lleva meses y meses o años y años sin confesarse, tiene limpia la conciencia de cualquier pecado grave como para saberse en gracia santificante y poder recibir a Cristo vivo y realmente presente en la Eucaristía? ¿Y no contribuirán a este mal -de la comunión sin confesión- aquellos sacerdotes que ya no están disponibles habitualmente en el confesionario.

Por parte de muchos sacerdotes: Omisión de enseñar esta doctrina y poco o nulo tiempo en el confesionario.

Por parte de muchísimos fieles: Poca instrucción que genera -en muchos casos- una ignorancia culpable. En otros, un descuido irredento por los asuntos de Dios y un vivir de acuerdo a las máximas del mundo, adecuando la moral y las enseñanzas de Dios y de la Iglesia a sus propios caprichos y criterios personales. Todo ello, lleva a la sacrílega comunión en pecado grave y sin confesión sacramental, que los hace comer y beber su propia condenación.

En ambos casos, una multitud que comulga y los confesionarios....¡vacíos!.

FRUTOS DE LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA


"UNA DULCÍSIMA PROPUESTA: LA ADORACIÓN"



Los frutos de Adorar al Señor vivo y presente en la Sagrada Eucaristía.




El P. Justo Lofeudo nos cuenta de testimonios de frutos de adoradores.


Sobre el tema de los ULTIMOS TIEMPOS



Libro del Dr. Rafael Arango


TESTIMONIO DE RAMI SÁNCHEZ SÁNCHEZ, Curación de forma súbita





Testimonio de Rami Sánchez Sánchez, curada por la Virgen se forma súbita y completa de una hemiplegia y mudez en Can Cerdá, milagro acreditado por el equipo médico que la controlaba.

viernes, 20 de junio de 2014

La Didajé (Didaché)

La Didajé



Introducción


La Didajé es un texto fundamental del cristianismo primitivo, puesto que es un resumen de la enseñanza (= didaché gr.) de los apóstoles. Es el texto no canónico más antiguo que conocemos —incluso anterior a algunos libros del Nuevo Testamento—. Algunos doctores del siglo III, como Clemente de Alejandría , llegaron a citar la Didajé como escritura divinamente inspirada[1].

A pesar del título, no se entiende que haya sido escrita por la totalidad de los apóstoles o por alguno de ellos, sino sencillamente que el escritor se propone recoger las enseñanzas fundamentales —de carácter preferentemente moral— que, a través de los apóstoles, se remontan al Señor. Como podrá advertirse, el texto está impregnado del espíritu evangélico.

Tal como nos ha llegado, el libro puede dividirse en tres partes claramente identificables, a saber: una instrucción que —según se afirma en VI, I— ha de preceder al bautismo, cuyo carácter es esencialmente moral y práctico; se expone mediante la alegoría de los dos caminos (caps. I-VI). Un esbozo de ritual para los sacramentos del Bautismo y la Eucaristía — o Santa Cena — (VII-IX), con un capítulo intercalado sobre el ayuno y la oración. Finalmente, una ordenación de las relaciones de la comunidad respecto a apóstoles y profetas, con avisos y cautelas para distinguir los verdaderos de los falsos profetas (XI-XIII), la manera en que se debe proveer sustento, algunas indicaciones sobre el día del Señor, y criterios sobre la elección de Obispos y Diáconos. Una exhortación a la vigilancia, con referencia a los últimos tiempos.

Lea atentamente la Didajé y luego complete el cuestionario correspondiente (al final del texto). Como esta lección es optativa, no se evaluará en el examen final.

 




La Doctrina de los doce Apóstoles

Doctrina del Señor a las naciones por medio de los doce apóstoles.

Traducida por Rvdo. P. Daniel Ruiz Bueno C. M. E., catedrático de lengua griega. México, Librería Parroquial, 1946.

 

I. Los dos caminos

Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos.

Camino de la vida

Ahora bien, el camino de la vida es éste: En primer lugar, amarás a Dios que te ha creado; y un en segundo lugar, a tu prójimo, como a ti mismo.
Y todo aquello que no quieras se te haga contigo, no lo hagas tú tampoco a otro.

La perfección evangélica

Mas la doctrina de estas palabras es como sigue:
Bendecid a los que os maldicen y orad por vuestros enemigos, y aun ayunad por los que os persiguen. ¿Pues qué gracia tiene que améis a los que os aman? ¿No hacen también eso mismo los gentiles? Mas vosotros amad a los que os aborrecen y no tendréis enemigos.
Abstente de los deseos carnales y corporales.
Si uno te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la izquierda y serás perfecto.
Si uno te fuerza a ir con él el espacio de una milla, acompáñale dos.
            Si alguien te quitare el manto, dale también la túnica.
            Si alguien te quita lo tuyo, no lo reclames, pues tampoco puedes.

La limosna

A todo el que te pida, dale, y no se lo reclames, pues el Padre quiere que a todos se dé de sus propios dones.
            Bienaventurado el que da, conforme al mandamiento, pues es inocente.
            Mas ¡ay del que recibe! Porque si recibe por necesidad, será inocente; mas el que recibió sin necesidad, tendrá que dar cuenta de por qué y para qué recibió. Será puesto en prisión y no saldrá de allí hasta pagar el último ochavo.
            Y aun sobre esto fue dicho: “Que tu limosna sude en tus manos, hasta que sepas a quién das”.

II. El segundo mandamiento

El segundo mandamiento de la Doctrina es éste:
            No matarás. No cometerás adulterio. No corromperás a los jóvenes. No fornicarás. No robarás. No te dedicarás a la magia ni a la hechicería. No matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido. No codiciarás los bienes de tu prójimo. No perjurarás. No levantarás falsos testimonios. No calumniarás ni guardarás rencor a nadie.
            No serás doble ni de pensamiento ni de lengua, pues la doblez es un lazo de muerte.
            Tu palabra no será mentirosa ni vacía, sino cumplida por la obra.
            No serás avariento, ni ladrón, ni fingido, ni mal intencionado, ni soberbio.
            No tomarás mal consejo contra tu prójimo.
            No aborrecerás a ningún hombre, sino que a unos les corregirás, a otros los compadecerás; por unos rogarás y a otros amarás más que a tu propia alma.

III. Apártate del mal

Hijo mío, huye de todo mal y de cuanto se asemeje al mal. No seas iracundo, porque la ira conduce al asesinato.
            No seas envidioso, ni disputador, ni acalorado, pues de todas estas cosas se engendran muertes.
            Hijo mío, no te dejes llevar de tu deseo, pues el deseo conduce a la fornicación.
            No hables deshonestamente ni andes con ojos desenvueltos, pues de todas estas cosas se engendran fornicaciones.
            Hijo mío, no te hagas adivino, pues esto conduce a la idolatría; ni encantador, ni astrólogo, ni purificador, ni quieras ver estas cosas, pues de todo ello se engendra idolatría.
            Hijo mío, no seas mentiroso, pues la mentira conduce al robo.
            No seas avaro ni vanaglorioso, pues de todas estas cosas se engendran robos.
            Hijo mío, no seas murmurador, pues la murmuración conduce a la blasfemia.
            No seas arrogante, ni de mente perversa, pues de todas estas cosas se engendran blasfemias.

Haz el bien

Sé más bien mando, pues los mansos poseerán la tierra.
            Sé longánime, compasivo, sin malicia, tranquilo, bueno y temeroso en todo tiempo de las palabras que oíste.
            No te exaltes a ti mismo, ni consientas a tu alma temeridad alguna.
            No se juntará tu alma con los soberbios, sino que conversarás con los humildes y con los justos.
            Recibe como bienes las cosas que te sucedieren, sabiendo que sin la disposición de Dios nada sucede.

IV. La comunidad cristiana

Hijo mío, acuérdate noche y día del que te habla la palabra de Dios y hónrale como al Señor; porque donde la gloria del Señor es anunciada, allí está el Señor.
            Buscarás todos los días los rostros de los santos, a fin de recrearte con sus palabras.
            No fomentarás la escisión, sino que pondrás en paz a los que contienden.
            Juzgarás con justicia, sin miramiento de personas, para reprender las faltas.
            No dudarás si será o no será.

Liberalidad en el dar

No seas de los que alargan la mano para recibir y la encogen para dar. Si adquieres algo con el trabajo de tus manos, da de ellos como redención de tus pecados.
            No dudarás si das o no, ni murmures cuando des, pues has de saber quién es el buen recompensador de tu limosna.
            No eches de ti al necesitado, sino comunica en todo con tu hermano, y de nada digas que es tuyo propio. Pues si en los bienes inmortales os comunicáis, ¿cuánto más en los mortales?

La familia cristiana

No levantarás la mano de tu hijo o de tu hija, sino que desde la juventud les enseñarás el temor del Señor. No mandarás con aspereza a tu esclavo ni a tu esclava, que esperan en el mismo Señor que tú, no sea que pierdan el temor del Señor que está sobre unos y otros.
            Porque no viene a llamar con miramiento de personas, sino a aquellos a quienes preparó su Espíritu.
            Por vuestra parte, vosotros, esclavos, someteos a vuestros señores, como a representantes de Dios, en reverencia y temor.

Últimos preceptos

Aborrece toda hipocresía y todo cuanto no agrada al Señor. No abandones los mandamientos del Señor, sino guarda lo que recibiste sin añadir ni quitar cosa alguna.
            Confiesa en la reunión tus pecados y no te acerques a la oración con mala conciencia.
            Este es el camino de la vida.

V. El camino de la muerte

El camino de la muerte es este:
            Ante todo, es camino malo y lleno de maldición. En él se dan muertes, adulterios, concupiscencias, fornicaciones, robos, idolatrías, magias, hechicerías, rapiñas, falsos testimonios, hipocresías, dobles de corazón, engaño, soberbia, malicia, arrogancia, avaricia, deshonestidad en el hablar, celos, temeridad, altivez y jactancia.

Quiénes lo siguen

Este camino siguen los perseguidores de los buenos, los aborrecedores de la verdad, los amadores de la mentira, los que no conocen el galardón de la justicia, los que no se adhieren al bien ni al recto juicio, los que vigilan y no para el bien, sino para el mal.
            Síguenlo otros sí, aquellos de quienes está lejos la mansedumbre y la paciencia, los amadores de la vanidad, los que sólo buscan su recompensa, los que no se compadecen del pobre, los que no trabajan por el atribulado, los que no reconocen a su Creador, los matadores de sus hijos, los destructores de la imagen de Dios, los que arrojan de sí al necesitado, los que oprimen al atribulado, los abogados de los ricos, los jueces inicuos de los pobres, los pecadores en todo.
            Apartaos, hijos, de todas estas cosas.

VI. Vía media

Vigila para que nadie te extravíe de este camino de la Doctrina, pues te enseña fuera de Dios. Porque si, en efecto, puedes llevar todo el yugo del Señor, serás perfecto; mas si no puedes todo, haz aquello que puedas.
            Respecto de la comida, guarda lo que puedas; mas de lo sacrificado a los dioses, abstente enteramente, pues es culto a los dioses muertos.

VII. El Bautismo

Respecto del bautismo, bautizad de esta manera. Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva.
Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua.
Si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua caliente.
Si no tuvieres ni una ni otra, derrama tres veces agua sobre la cabeza en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Antes del bautismo, ayune el que bautiza y el bautizando, y algunos otros, si pueden. Al bautizando le mandarás ayunar uno o dos días antes.

VIII. El ayuno cristiano

Vuestros ayunos no han de ser al tiempo que lo hacen los hipócritas; porque éstos ayunan el día segundo y quinto de la semana. Mas vosotros ayunad el día cuarto y el día de la preparación.

La oración cristiana

No oréis tampoco como los hipócritas, sino que tal, como os mandó el Señor en su Evangelio, así tenéis que orar:

Padre nuestro celestial,
Santificado sea tu nombre
Vanga tu reino,
Hágase tu voluntad,
Como en el cielo, también en la tierra
El pan nuestro de nuestra subsistencia,
dánosle hoy;
y perdónanos nuestra deuda, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos lleves a la tentación,
mas líbranos del malo.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
Así oraréis tres veces al día.

IX. La Eucaristía

Respecto de la Eucaristía, daréis gracias de esta manera:
Primeramente, sobre el cáliz:

Te damos gracias, Padre nuestro,
Por la santa viña de David, tu siervo,
La que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.

Luego, sobre la fracción:
Te damos gracias, Padre nuestro,
Por la vida y el conocimiento
Que nos manifestaste
Por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.
Como este fragmentos
Estaba disperso sobre los montes
Y reunido se hizo uno,
Así sea congregada tu Iglesia
De los confines de la tierra en tu reino.
Porque tuya es la gloria y el poder
Por Jesucristo eternamente.

Que nadie como y beba de vuestra Eucaristía, sino los bautizados en el nombre del Señor. Pues justamente sobre esto dijo el Señor: “No déis lo Santo a los perros”.

X. Después del ágape.

Después de saciaros, daréis gracias de este modo:
Te damos gracias, Padre nuestro,
por tu Santo nombre,
que hiciste morar en nuestros corazones,
y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad
que nos manifestaste
por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.
Tú, Señor omnipotente,
Creaste todas las cosas por causa de tu nombre,
Y diste a los hombres
comida y bebida para su disfrute,
a fin de que te dé gracias.
Mas a nosotros nos concediste
Comida y bebida espiritual
Y vida eterna por tu Siervo.
Ante todo, te damos gracias,
porque eres poderoso.
A ti sea la gloria por los siglos
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,
Para liberarla de todo mal,
Y reúnela, santificada,
De los cuatro vientos
En el reino que Tú le preparaste.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
Venga la gracias y pase este mundo.
Hosanna al dios de David.
El que sea santo, que se acerque;
El que no lo sea, que haga penitencia.
Maranathá. Amén.
A los profetas, permitidles que den gracias cuantas quieran.

La unción.

Respecto del óleo de la unción, daréis gracias de esta manera:
Te damos gracias, Padre nuestro,
Por el óleo de la unción,
que Tú nos manifestaste
por Jesucristo, tu Siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.

XI. Apóstoles y profetas.

Así, pues, al que viniere a vosotros y os enseñare todo lo antedicho, recibidle; mas si, extraviado el maestro mismo, os enseñare otra doctrina para vuestra disolución, no la recibáis.
Al que enseñare, en cambio, para aumentar vuestra justicia y conocimiento del Señor, recibidle como al Señor.
Respecto de los apóstoles y profetas, procederéis conforme a la doctrina del Evangelio.
Todo apóstol que venga a vosotros, sea recibido como el Señor.

Alerta con los falsarios.

El Apóstol no permanecerá entre vosotros sino un solo día; si hubiere necesidad, otro más. Pero si permaneciere tres días, es un falso profeta.
Al salir de entre vosotros, el apóstol no ha de tomar nada consigo, si no fuere pan, hasta su nuevo alojamiento. Mas si pidiere dinero, es un falso profeta.

No juzgar al profeta.

No examinéis ni juzguéis a ningún profeta que habla en espíritu, porque todo pecado se perdonará, pero este pecado no se perdonará.
Sin embargo, no todo el que habla en espíritu es profeta, sino el que tuviere las costumbres del Señor.
Así, pues, por sus costumbres se conocerá el verdadero y falso profeta.

Señales de discernimiento.

Todo profeta que manda poner una mesa, no come de ella; en caso contrario, es un falso profeta.
Y si un profeta enseña la verdad, pero no cumple lo que enseña, es un falso profeta.
Todo profeta que se ha probado ser verdadero, que hace algo para el misterio mundano de la Iglesia, pero no enseña a hacer lo que él hace, no ha de ser juzgado de vosotros, pues tiene su juicio con Dios. Del mismo modo, en efecto, obraron los antiguos profetas. Mas el que dijere en espíritu: Dame dinero y otras cosas, no le escuchéis; mas si dijere que se dé para otros necesitados, que nadie le juzgue.

XII. Peregrinos y vagos

Todo el que llegare a vosotros en el nombre del Señor, sea recibido; luego, examinándole, le conoceréis —pues tenéis inteligencia— por su derecha y por su izquierda.
Si el que llega a vosotros es un caminante, ayudadle en cuanto podáis. Sin embargo, no permanecerá entre vosotros sino dos días, y si hubiere necesidad, tres. Si quiere establecerse entre vosotros y tiene un oficio, que trabaje y así se alimente.
Si no tuviere oficio, proveed conforme a vuestra prudencia para que no viva entre vosotros ningún cristiano ocioso.
Caso de que no quisiere hacerlo así, es un traficante de Cristo.

XIII. El sustento de profetas y maestros.

Todo profeta verdadero, que quiera establecerse entre vosotros, es digno de su sustento.
Igualmente, el maestro verdadero merece también, como el trabajador, que le alimentéis.
Por lo tanto, de todos los productos del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, darás las primicias a los profetas, pues ellos son vuestros sumo sacerdotes.
Si no tuvieres profeta, dádselo a los pobres.
Si amasares pan, toma las primicias y dalas conforme al mandato de la ley.
Igualmente, cuando abrieres un cántaro de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los profetas.
Toma de tu plata y vestidos y de toda tu riqueza las primicias que te pareciere, y dalas conforme al mandato de la ley.

XIV- El día del Señor.

Reuníos el día del Señor, partid el pan y celebrad la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro.
Todo el que tuviere contienda con su prójimo, no se junte con vosotros hasta tanto se hayan reconciliado, a fin de que no se profane vuestro sacrificio.
Porque éste es el sacrificio del que dijo el Señor: “En todo lugar y en todo tiempo, se me ofrece un sacrificio puro, porque Yo soy Rey grande, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones”.

XV. Elección de obispos y diáconos.

Elegíos, pues, inspectores y ministros dignos del Señor, que sean hombres mansos, desinteresados, veraces y probados. Porque también ellos os sirven el ministerio de los profetas. No los despreséis, pues, porque ellos son los que alcanzan honor entre vosotros, juntamente con los profetas y maestros.

La corrección fraterna.

Corregíos los unos a los otros, no con ira, sino con paz, como lo tenéis en el Evangelio. Nadie hable con el que hubiere faltado contra otro, ni él oiga palabra de vosotros, hasta que se arrepienta. Vuestras oraciones, vuestras limosnas y todas las demás acciones, las haréis como lo tenéis en el Evangelio de Nuestro Señor.

XVI. Exhortación a la vigilancia.

Vigilad sobre vuestra vida; no se apaguen vuestras linternas, ni se desciñan vuestras cinturas, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que ha de venir vuestro Señor.
Reuníos con frecuencia y buscad lo que conviene a vuestras almas, pues de nada os aprovechará todo el tiempo de vuestra fe, si en el último momento no sois perfectos.

Los últimos tiempos.

Porque en los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos y el amor se convertirá en odio.
Porque, creciendo la iniquidad, los hombres se aborrecerán unos a otros y se perseguirán y traicionarán.
Y entonces aparecerá el extraviador del mundo, como hijo de Dios.
Y hará señales y prodigios
Y la tierra será entregada en sus manos,
Y cometerá crímenes
Cuales no fueron desde los siglos.
Entonces la creación de los hombres vendrá al abrasamiento del a prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán.
Mas los que perseveraren en la fe
Se salvarán por el mismo que aquellos maldicen.

Signos finales

Y entonces aparecerán los signos de la verdad. Primeramente, el signo de la apertura en el cielo; luego, el signo de la voz de la trompeta; y el tercero, la resurrección de los muertos. Mas no de todos, sino como fue dicho: “Vendrá el Señor y todos sus ángeles con él”.
Entonces verá el mundo al Señor que viene sobre las nubes del cielo. g







[1] No obstante, Eusebio pone a la Didajé entre los escritos decididamente nothoi o espúreos, junto a Los Hechos de Pablo, el llamado Pastor, y la Epístola de Bernanbé (Historia Eclesiástica, III, 25,4). 

SANTO TEMOR DE DIOS

SANTO TEMOR DE DIOS
(Mensaje de Jesús al Padre Michelini - 10 de Diciembre de 1976)

Hijo mío, escribe,
Si Dios pudiera cambiar sus enseñanzas, no sería ya Dios; la Palabra de Dios no se muda, no cambia ni cam­biará jamás; ella es eterna como Dios. Ahora bien, Dios ha dado a los hombres una norma de vida, el mandamiento del amor, pero también ha dicho que el amor a Dios debe estar unido al Temor de Dios.
Así como el amor es un don que es preciso pedir sin interrupción, así también es un gran don el te­mor de Dios. ¡Teme al Señor que pasa! Pero los hombres de esta generación verdaderamente perversa han alterado todo e intentan demoler todo.
Del temor de Dios hoy no se habla ya, se habla del amor de Dios, pero del temor no, porque dicen que el temor no se concilia ni puede conciliarse con el amor así como encuentran inconciliable en su necedad la Justicia y la Misericordia, encuentran inconciliables el Amor y el Temor de Dios. En suma hoy se aceptan las cosas que son cómodas y se rechazan las que son incómodas.
Esta es la absurda postura que pastores, sacerdotes y cristianos han adoptado con relación a Dios y en esta absurda postura es evidente la insidia del enemigo que se propone demoler a Dios en el ánimo de los hombres, sirviéndose de la necedad de ellos mismos, demoler el edificio de la Iglesia, desmoronando piedra por piedra; ¿quién habla hoy del Temor de Dios? ¿Quién habla ya de la Justicia Divina? ¿Quién habla de la presencia de Satanás en el mundo, que con sus legiones rebeldes guía la lucha contra Dios y contra los hombres, encontrando por desgracia colaboradores entre estos últimos, aún en­tre almas consagradas no excluidos los Obispos?

Ay de aquellos que desafían la ira de Dios

Dios es terrible en su ira, ay de aquellos que desa­fían la ira de Dios guareciéndose en la cómoda concepción de que en Dios sólo hay amor y misericordia.
Muchos condenados quisieran poder volver atrás para reformar sus conceptos ahora que ven y comprenden con toda claridad el astuto engaño de Satanás y de su feroz maldad.
Hay una voluntad permisiva que explica sumamente bien la indignación del Señor por su pueblo infiel: guerras, revoluciones, epidemias, terremotos y tantas otras innumerables calamidades vienen del demonio, pero permi­tidas por Dios, por Sus providenciales y sapientísimos fines.

Los setenta años de esclavitud babilónica fueron per­mitidos por la indignación que los muchos pecados del pueblo hebreo habían provocado; la destrucción de Sodo­ma y Gomorra no fue de Dios, ningún mal viene de Dios jamás, sino siempre del infierno con la complicidad y perversión humanas. Sodoma y Gomorra y otros innumerables castigos, fueron puniciones no promovidas, sino permitidas por Dios para el arrepentimiento de los hombres. El mismo diluvio universal fue provocado por el infierno con la com­plicidad de los hombres corruptos.

El amor no puede permitir el exterminio de la humanidad

Los hombres dicen que no temen a Dios; esto es una tremenda blasfemia cuyas terribles consecuencias se purgan en esta tierra y más allá de la vida terrena como en los tiempos pasados.
Tiempos de ceguera, tiempos de oscuridad, porque son tiempos de soberbia. Este hombre, menos que gusano que se arrastra en el fango y en el polvo de la tierra, que tiene la duración de un día, osa desafiar enorgullecido por su ciencia y su tec­nología al Creador y Señor del universo. ¿Hasta cuándo, hijo mío?
Yo soy el Amor. El Amor no puede permitir el desastre de la humanidad querido por Satanás. Yo soy el Amor Eterno e inmutable, por lo que no puedo que­rer la ruina eterna de las almas.
El infierno será derrotado; mi Iglesia será regenera­da; mi reino que es reino de amor, de justicia y de paz, dará paz y justicia a esta humanidad sojuzgada por las po­tencias del infierno que mi Madre derrotará.
El sol luminosísimo resplandecerá sobre una humanidad mejor; ánimo pues, no temas a nada.
Reza y repara, ofrécete a ti mismo a Dios. Te bendigo

lunes, 16 de junio de 2014

TRES QUE ERAN UNO: DIOS

TRES QUE ERAN UNO: DIOS
Tres canales, distintos, pero con el mismo agua
Tres árboles, distintos, pero de la misma madera
Tres estrellas, distintas, pero con idéntico destello
Tres flores, distintas, pero con igual fragancia
Tres corazones, diferentes, pero con igual ritmo
Tres labios, distintos, pero con iguales palabras
¡Santísima Trinidad!

Tres mentes distintas, con un mismo pensamiento
Tres personas distintas, con igual naturaleza
Tres notas distintas, con un mismo sonido
Tres noches diferentes, con idéntica luna
Tres días distintos, con igual sol
Tres seres distintos, con una sola alma
¡Santísima Trinidad!

Sólo el amor, sólo el amor,
es capaz de ensamblar y de hacer posible
el misterio Trinitario.
Sólo, el amor, puede ser el bien
más pleno y más rico de la vivencia de la Trinidad.
¿Por qué –siendo tres personas distintas- un solo Dios?
¿Por qué –siendo nosotros tan distintos- nos sentimos como si fuésemos miles de
dioses en el mundo?
Entre otras cosas, porque nos falta lo que a Dios le sobra: el amor trinitario


Javier Leoz