FUENTE INAGOTABLE DE LUZ

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¡ILUMÍNANOS!

Sagrados Corazones Unidos del AMOR SANTO

Sagrados Corazones Unidos del AMOR SANTO
Sagrados Corazones de Jesús y María, unidos en el amor perfecto,

viernes, 20 de marzo de 2015

ROSARIO DE LAS SAGRADAS LLAGAS

† Sagrada Liturgia-Tiempo de Cuaresma



"Quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón".Mensaje de S.S. Francisco para la Cuaresma del 2015


ROSARIO DE LAS SAGRADAS LLAGAS

Se usa el rosario ordinario, acompañando la oración vocal con la meditación. Lo ideal es rezarlo ante algún crucifijo que inspire más devoción para que lo contemples y beses la llaga correspondiente. Además de las peticiones que aquí se proponen, puedes hacer otras que te inspire el Señor y que correspondan mejor a vuestra espiritualidad y circunstancia.  Este rosario fue tomado de Marie-Marthe Chambon, Die Wunden unseres Herrn, Herausgaben von P. bonaventura Pihan, Passionist






Comienzo:La Señal de la CruzCon verdadero arrepentimiento, pedimos perdón por nuestros pecados y los del mundo entero.
V. Oh Jesús, Salvador divino, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
R. Amen.
V. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal.
R. Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
V. Gracia y misericordia, Jesús mío, en los peligros presentes. Cúbrenos con tu preciosísima sangre.
R. Amen.
V. Eterno Padre, muéstranos tu misericordia por la sangre de tu querido Hijo. Te lo suplicamos, muéstranos tu misericordia.
R. Amen.
 
En lugar de los misterios del rosario, se rezan los siguientes:
1 -Llagas de los pies
Señor mío crucificado, adoro las Sagradas Llagas de tus pies. Por el dolor que en ellas sufriste y por la sangre que derramaste, concédeme la gracia de evitar el pecado y de seguir constantemente, hasta el fin de mi vida, el camino de las virtudes cristianas.

2 -Llaga del sagrado costado
Señor mío crucificado, adoro la llaga de tu sagrado costado. Por la sangre, que en ella derramaste, te ruego enciendas en mi corazón el fuego de tu divino amor y me concedas la gracia de amarte por toda la eternidad.

3 -Llaga de la mano izquierda
Señor mío crucificado, adoro la llaga sagrada de tu mano izquierda. Por el dolor que sufriste y la sangre que derramaste, te ruego que no me encuentre a tu izquierda con los condenados en el día del juicio final.

4 -Llaga de la mano derecha
Señor mío crucificado, adoro la llaga sagrada, de tu mano derecha. Por el dolor que en ella sufriste y la sangre que derramaste, te ruego que bendigas y me conduzcas a la vida eterna.

5 -Llagas de la cabeza
Señor mío crucificado, adoro las llagas de tu santa cabeza. Por el dolor que en ellas sufriste y la sangre que derramaste, te ruego me concedas constancia en servirte a ti y a los demás.
En las cuentas del Padre Nuestro:Después de la meditación de cada llaga se dice:
V. Eterno Padre, yo te ofrezco las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo.
R. Para que cures las llagas de nuestras, almas.
En cada cuenta del Ave Maria:
V. Jesús mío, piedad y misericordia.
R. Por los meritos de tus santas llagas.


FUENTE:
http://www.corazones.org/liturgia/biblia_y_liturgia/temporadas/cuaresma/tiempo_de_cuaresma.html

viernes, 13 de marzo de 2015

P. Jamut nos ayuda a discernir el mensaje de María Reina de la Paz, del día 25 de febrero del 2015




Comentario del P. Jamut al Mensaje del 25 de febrero de 2015



Gospa

“Queridos hijos, en este tiempo de gracia, los invito a todos: oren más y hablen menos. En la oración busquen la voluntad de Dios y vívanla según los Mandamientos a los que Dios los invita. Yo estoy con ustedes y oro con ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

La Reina de la Paz nos invita a orar más y a hablar menos. Y esto porque en la actualidad, hoy más que nunca, conservar la paz interior es, sin lugar a dudas, todo un desafío, que nos exige estar atentos al mismo tiempo a varios frentes, especialmente a las palabras que salen de nuestros labios, y a lo que solemos escuchar. De no ser así, se llega a perder fácilmente la concordia y la paz interior, sin darnos cuenta siquiera, cual fue el motivo.
Por ello uno de estos frentes al cual hay que prestar especial atención, es el uso que hacemos a diario de las capacidades de la palabra y de la audición.
La capacidad de comunicarnos entre nosotros, por medio de los dones de la palabra, de la audición y de los momentos de un sabio y prudente silencio, es uno de los mayores regalos que Dios nos ha dado al crearnos. Es un regalo invalorable, un don sagrado dado por el Creador al ser humano.
Sin embargo, el tener algo tan valioso como es el don de la palabra y la capacidad de comunicarnos, no nos asegura por sí solo, la paz interior; sino que esto dependerá del uso que hagamos de esos dones que se nos han entregado.
El don de la palabra debería capacitarnos para manifestar a los demás el propio pensamiento y lo más bello que el Señor ha ido sembrando en lo más hondo del corazón. Mientras que el don de la audición, cuando es correctamente ejercitado, nos permite conocer en mayor profundidad el corazón de quienes nos rodean, posibilitándonos así entrar en un intercambio de comunicación afectiva cada vez más rico.
De esta manera se va tejiendo la comunicación humana. Y para que haya comunicación debe existir interacción reciproca entre dos personas: Transmisor y Receptor.
Las únicas criaturas capaces de presentar comportamientos comunicacionales profundos, de transmitir y recibir intelectual, sensorial y afectivamente, la propia interioridad, somos los seres humanos.
Cuando interactúamos, tratando de acondicionar la voluntad de entendimiento mutuo, es lo que se denomina diálogo. Y este dialogo solo puede madurar y enriquecerse, por medio de la oración hecha con el corazón.
Que la Reina de la Paz interceda por nosotros, para que adquiramos la sabiduría de saber cuándo hablar y qué decir, así como y que debemos callar en el momento oportuno.
Que la Reina de la Paz te Bendiga.
P. Gustavo E. Jamut, omv

Oración a nuestro Señor Jesucristo

Señor,
me has soportado todos estos años
con mis pecados,
pero a pesar de ello has tenido compasión de mí;

me he descarriado en todos los aspectos,
pero ahora no quiero pecar más;
Te he agraviado y he sido injusto;
ya no lo seré nunca más;

renuncio al pecado, renuncio al demonio,
renuncio a la iniquidad que ensucia mi alma;
libera mi alma de todo lo que es contrario a Tu santidad;

Te suplico, Señor, que me salves de todo mal;
ven ahora, Jesús;
ven ahora a habitar en mi corazón;

perdóname, Señor, y permíteme descansar en Ti,
porque Tú eres mi Escudo, mi Redentor y mi Luz,
y en Ti confío;
desde hoy, Señor, Te bendeciré en todo momento;

rechazo el mal y a todos los demás dioses e ídolos,
porque Tú eres el Altísimo por encima del mundo entero,
trascendiendo de lejos a todos los demás dioses;

con Tu Poderoso Brazo, sálvame de la mala salud,
sálvame de estar cautivo, sálvame de los conflictos
y derrota a mi enemigo el demonio;
¡ven pronto en mi ayuda, oh Salvador!
amén.

Yo Dios, te amo, bien-amada; ¿nosotros?
Yo Soy

www.tlig.org

www.tligradio.org

domingo, 8 de marzo de 2015

Sagrado Corazón de Jesús e Inmaculado Corazón de María




Heme aquí Sagrado Corazón de mi Cristo Redentor...
Heme aquí Inmaculado Corazón de mi Madre de Amor…
Me presento arrepentido de mis faltas y confiado en que mi propósito de enmienda es una oportunidad de conversión.
Sagrados Corazones de Jesús y María Santísima, defensores de toda la humanidad: en este instante me presento como hijo vuestro para consagrarme voluntariamente a tan amados Corazones.
Soy el hijo que llega suplicando una oportunidad para ser perdonado y acogido.
Me presento para consagrar voluntariamente mi hogar, para que éste sea un Templo en donde reine el Amor, la Fe, la Esperanza y el desvalido encuentre refugio y caridad.
Heme aquí suplicando el sello de tan Sagrados Corazones en mi persona y en mis seres amados, y sea yo un repetidor de ese magno Amor hacia todas las criaturas humanas en el mundo.
Mi hogar sea luz y amparo, para el que busca el consuelo, sea refugio sereno en todo instante, para que consagrado a tan Santísimos Corazones todo lo que sea contrario a la Voluntad Divina, huya ante las puertas de mi hogar, que desde este instante es signo del Amor Divino, ya que ha sido sellado con el Amor ardiente del Divino Corazón de Jesús.
Amén.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Misa del Papa Francisco en la Casa de Santa Marta - 3 de Marzo del 2015

Hagamos el bien, no una santidad fingida, invitó el Papa Francisco
Misa del Papa Francisco en la Casa de Santa Marta - OSS_ROM
03/03/2015 12:36
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Si aprendemos a ‘hacer el bien’, Dios ‘perdona generosamente’ todo pecado. Lo que no perdona es la hipocresía, la ‘santidad fingida’. Son palabras del Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Aprendan a hacer el bien, busquen la justicia
Los santos fingidos, que ante el Cielo se preocupan más por aparentarlo, que por serlo de verdad, y los pecadores santificados, que más allá del mal hecho, han aprendido a ‘hacer’ un bien más grande. Nunca hubo ninguna duda sobre a quién de ellos prefiere Dios, afirmó el obispo de Roma, centrando su meditación sobre estas dos categorías. Tras señalar que las palabras de la lectura de Isaías son un imperativo y al mismo tiempo una ‘invitación’, que viene directamente de Dios: ¡dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien’, defendiendo a los huérfanos y a las viudas, es decir – subrayó el Papa Francisco – ‘aquellos que nadie recuerda’ entre los cuales están también ‘los ancianos abandonados, los niños que no van a la escuela’ y los que ‘no saben hacerse la señal de la Cruz’. Detrás del imperativo y de la invitación está siempre la invitación a la conversión:
«Pero ¿cómo puedo convertirme? ¡Aprendan a hacer el bien! La conversión. La suciedad del corazón no se quita como se quita una mancha: vamos a la tintorería y salimos limpios… Se quita con el ‘hacer’, tomando un camino distinto, otro camino que no sea el del mal. ¡Aprendan a hacer el bien! Es decir el camino del hacer el bien. Y ¿cómo hago el bien? ¡Es simple! ‘Busquen la justicia, socorran al oprimido, brinden justicia al huérfano, defiendan la causa de la viuda’. Recordemos que en Israel los más pobres y los más necesitados eran los huérfanos y las viudas: hagan justicia, vayan donde están las llagas de la humanidad, donde hay tanto dolor… De este modo, haciendo el bien, lavarás tu corazón».
El Señor exagera: ¡pero es la verdad! El Señor nos da el don de su perdón
Y la promesa de un corazón lavado, es decir perdonado, viene del mismo Dios, que no lleva la cuenta de los pecados ante quien ama al prójimo:
«Si haces esto, si vienes por este camino, al que te invito – nos dice el Señor – ‘aunque sus pecados fueran color escarlata, ustedes se volverán blancos como la nieve’. Es una exageración, el Señor exagera: ¡pero es la verdad! El Señor nos da el don de su perdón. El Señor perdona generosamente. Pero, yo perdono hasta aquí, después veremos… ¡No, no! ¡El Señor perdona siempre todo! ¡Todo! Pero, si quieres ser perdonado, debes empezar por el camino del hacer el bien. ¡Éste es el don!»
Jesús prefería mil veces a los pecadores, que decían la verdad sobre sí mismos, antes que a los hipócritas
El Evangelio del día presenta al grupo de los astutos, los que ‘dicen cosas justas, pero hacen lo contrario’, señaló el Santo Padre, añadiendo que ‘todos somos astutos y siempre encontramos un camino que no es el justo, para parecer más justos de lo que somos, es el camino de la hipocresía’:
«Estos fingen que se convierten, pero su corazón es una mentira: ¡son mentirosos! Es una mentira…Su corazón no pertenece al Señor; pertenece al padre de todas las mentiras, a satanás. Y ésta es una santidad fingida. Jesús prefería mil veces a los pecadores, antes que a ellos. ¿Por qué? Los pecadores decían la verdad sobre ellos mismos. ¡Aléjate de mí Señor que soy un pecador!’: lo dijo Pedro, una vez. ¡Pero uno de ellos nunca dice esto! ‘Te agradezco Señor, porque no soy pecador, porque soy justo’… En la segunda semana de Cuaresma hay estas tres palabras para pensar, meditar: la invitación a la conversión, el don que nos dará el Señor – es decir un don grande, un perdón grande, y la trampa. Es decir fingir que nos convertimos, pero tomar el camino de la hipocresía’».

lunes, 2 de marzo de 2015

jueves, 26 de febrero de 2015

MUERTE DE JESÚS DE NAZARET EN IRAQ. ORAD, LLORAD.


12 AGOSTO 2014

Hay obligación de llorar. De gemir. De dar alaridos. Nuestros hermanos de Iraq, carne nuestra en nuestro cuerpo la Iglesia, son ahora mismo víctimas de las peores atrocidades. Hay estricta obligación de lo más eficaz: rezar gimiendo a Dios porque nuestra carne nos duele.- Reproduzco, con adaptaciones, un artículo deACIPRENSA y añado algo más.

Foto: Alberto Chinchilla / ACI Prensa
Papa Francisco. Foto: Alberto Chinchilla / ACI PrensaVATICANO, 10 ago 2014
Concluido el rezo del Ángelus, el Papa Francisco hizo un nuevo llamado a la paz en Tierra Santa y en Irak, y aseguró que la violenta persecución que sufren los cristianos en ese país «ofende gravemente a Dios y a la humanidad».
El 8 de agosto, un sacerdote que se identificó como el P. Nawar, original de Qaraqosh (Iraq), en las planicies de Nínive -considerada la capital cristiana de Irak-, lamentó que más de cien mil cristianos habían abandonado esta ciudad desde la noche del miércoles [se entiende el 6], en que fue tomada por las fuerzas del Estado Islámico de Iraq y el Levante (ISIS).
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El Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS) ha crucificado a ocho hombres en un pueblo cerca de Alepo, Siria, por dejar el Islam. Un grupo del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos informa de que los hombres fueron ejecutados el sábado y estarán expuestos al público durante tres días, en la plaza del pueblo, en Deir Hafer.

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No está claro si murieron antes de la crucifixión. Un noveno cristiano fue crucificado con vida durante ocho horas por dar «falso testimonio» en la localidad de Al-Bab . Sobrevivió. ISIS ha utilizado las crucifixiones como castigo por apostasía.
Muchos de estos cristianos que escapan de la persecución de extremistas islámicos van a pie, sin comida, dinero ni agua, dijo.
El P. Nawar denunció que «la gente no se puede quedar en Irak, porque hay muerte para quien se quede».
De acuerdo con informes de la BBC, los militantes del Estado Islámico han derrumbado cruces y quemado manuscritos religiosos, tras tomar la ciudad.
En declaraciones a la cadena CNN, Mark Arabo, líder de la comunidad caldea, denunció que losyihadistas del Estado Islámico (ISIS) están decapitando niños cristianos en Mosul, colgando a sus padres y violando a las mujeres, las cuales –informó por otro lado un portavoz de la Media Luna Roja– son secuestradas para venderlas como esclavas.
El Papa Francisco confesó que «nos dejan pasmados y consternados las noticias que llegan de Iraq: miles de personas, entre ellas tantos cristianos, expulsados de sus hogares de una manera brutal; niños que mueren de sed y de hambre durante la fuga; mujeres secuestradas; personas masacradas; violencias de todo tipo; destrucción por todas partes, de casas, de patrimonios religiosos, históricos y culturales».
«¡Todo esto ofende gravemente a Dios y a la humanidad! ¡No se odia en nombre de Dios! ¡No se hace la guerra en nombre de Dios! Todos nosotros, pensando en esta situación, en esta gente, recemos en silencio».
Francisco también expresó su agradecimiento «a los que, con valentía, están brindando socorro a estos hermanos y hermanas, y confío en que una solución política eficaz de nivel internacional y local pueda detener estos crímenes y restaurar el derecho».
«Para asegurar mejor mi cercanía a esas queridas poblaciones, he nombrado como mi enviado personal, que mañana viajará desde Roma a Iraq, al cardenal Fernando Filoni.»
El Papa recordó que «también en Gaza, después de una tregua, se ha reanudado la guerra, que se cobra víctimas inocentes (niños) y no hace más que empeorar el conflicto entre israelíes y palestinos.
»Oremos juntos al Dios de la paz, por intercesión de la Virgen María: Dona la paz, Señor, a nuestros días, y haz que seamos constructores de justicia y de paz. ¡Reina de la paz, ruega por nosotros!
»Oremos también por las víctimas del virus “Ébola” y por aquellos que están luchando para detenerlo», pidió, para concluir pidiendo oraciones por su próximo viaje a Corea del Sur, del 14 al 18 de agosto.

¿Crees en un Dios que murió crucificado? Te crucifico.
Vemos a hombres que, como son cristianos, son crucificados. Los ejecutores no lo entienden así, pero están vengándose de que Dios se hiciera hombre para redimirnos y, pudiendo redimirnos de mil formas, lo hiciera dejándose la sangre en una cruz para hacer evidente su amor: porque «nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13), o, como una vez oí, «la sangre es el único don de cuya generosidad nadie puede tener ninguna duda». Y los ejecutores no lo saben, pero murió también por ellos. Se están vengando de que Dios los ame.
Y Dios llora por los flagelados, pero también por los flagelantes. Orad, pues, por los que pierden sus cuerpos, o sus casas, o su tierra. Pero orad también por los que pueden perder sus almas. Para ellos, esto es peor:  y eso es una evidencia.
Por último, dejadme decir que yo estoy ya muy perdido, y no sé qué pensar del complejísimo problema musulmán en sus muchas facetas, entre ellas su presencia en España. Pero pensara lo que pensara, pensaría siempre ante todo que soy cristiano y que mi ley es el amor, y mi distintivo ante todos los hombres es el perdón. También cuando me crucifican los hermanos y las lágrimas.
Y ahora doy gracias a María Santísima, que me ha permitido hacer algo, aunque mínimo, por los hermanos que me arrancan. Todo esto no pasaría si rezáramos más. Rezad por que yo rece.

AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA, fundación dependiente de la Santa Sede cuya misión está perfectamente expresada en su nombre, está pidiéndonos nuestra ayuda económica para estos hermanos, que la necesitan para sustentarse en su huida y para cubrir sus necesidades. Os proporciono un sitio a través del cual ofrecerla: pinchad aquí.

Cuando hayáis terminado, cerrad los ojos y sabed que Jesús está besándoos.

viernes, 20 de febrero de 2015

Sor Amada de Jesús - LOS DOCE GRADOS DEL SILENCIO

LOS DOCE GRADOS DEL SILENCIO
Sor Amada de Jesús
La vida interior podría consistir en esta sola palabra

¡Silencio! El silencio prepara los santos; él los comienza, los continúa y, los acaba. Dios, que es eterno, no dice más que una sola palabra, que es el Verbo. Del mismo modo, sería deseable que todas nuestras palabras digan Jesús directa o indirectamente. Esta palabra: silencio ¡cuán hermosa es!
1° Hablar poco a las creaturas y mucho a Dios
Este es el primer paso, pero indispensable, en las vías solitarias del silencio. En esta escuela es donde se enseñan los elementos que disponen a la unión divina. Aquí el alma estudia v profundiza esta vírtud, en el espíritu del Evangelio, en el espíritu de la Regla que abrazó, respetando los lugares consagrados las personas, y sobre todo esta lengua en que tan a menudo descansa el Verbo o la Palabra del Padre, el Verbo hecho carne. Silencio al mundo, silencio a las noticias, silencio con las almas más justas: la voz de un Angel turbó a María...
2° Silencio en el trabajo, en los movimientos
Silencio en el porte, silencio de los ojos, de tos oídos, de la voz; silencio de todo el ser exterior, que prepara al alma a pasar a Dios. El alma merece tanto como puede, por estos primeros esfuerzos en escuchar la voz del Señor. ¡Qué bien recompensado es este primer paso!
Dios la llama al desierto, y por eso.; en este segundo estado, el alma aparta todo lo que podría distraerla; se aleja del ruido, y huye sola hacia Aquél que solo es. Allí ella saboreará las primicias de la unión divina y el celo de su Dios. Es el silencio del recogimiento, o el recogimiento en el silencio.
3° Silencio de la imaginación
Esta facultad es la primera en llamar a la puerta cerrada, del jardín del Esposo; con ella vienen las emociones ajenas, las vagas impresiones, las tristezas. Pero en este lugar retirado, el alma dará al Bien Amado pruebas de su amor. Presentará a esta potencia, que no puede ser destruida, las bellezas del cielo, los encantos de su Señor, las escenas del Calvario, las perfecciones de su Dios. Entonces, también ella permanecerá en el silencio, y será la sirvienta silenciosa del Amor divino.
4° Silencio de la memoria
Silencio al pasado... olvido. Hay que saturar esta facultad con el recuerdo de las misericordias de Dios... Es el agradecimiento en el silencio, es el silencio de la acción de gracias.
5° Silencio a las creaturas
¡Oh, miseria de nuestra condición presente! A menudo el alma, atenta a sí misma, se sorprende conversando interiormente con las creaturas, respondiendo en su nombre. ¡Oh, humillación que hizo gemir a los santos! En ese momento esta alma debe retirarse dulcemente a las más íntimas profundidades de este lugar escondido, donde descansa la Majestad inaccesible del Santo de los santos, y donde Jesús, su consolador v su Dios, se descubrirá a ella, le revelará sus secretos, v le hará probar la bienaventuranza futura. Entonces le dará un amargo disgusto para todo lo que no es El, y todo lo que es de la tierra. dejará poco a poco de distraerla.
6° Silencio del corazón
Si la lengua está muda, si los sentidos se encuentran en la calma, si la imaginación, la memoria y las creaturas se callan y hacen silencio, si no alrededor, si al menos en lo íntimo de esta alma de esposa, el corazón hará poco ruido. Silencio de los afectos, de las antipatías, silencio de los deseos en lo que tienen de dema siado ardiente, silencio del celo en lo que tiene de indiscreto; silencio del fervor en lo que tiene de exagerado: silencio hasta en los suspiros... Silencio del amor en lo que tiene de exaltado, no de esa exaltación de que Dios es autor, sino de aquella en que se mezcla la naturaleza. El silencio del amor, es el amor en el silencio...
Es el silencio ante Dios, suma belleza, bondad, perfección... Silencio que no tiene nada de molesto, de forzado; este silencio no daña a la ternura, al vigor de este amor, de modo semejante a como el reconocimiento de las faltas no daña tampoco al silencio de la humildad, ni el batir de las alas de los ángeles de que habla el profeta al silencio de su obediencia, ni el fiat al silencio de Getsemaní, ni el Sanctus eterno al silencio de los serafines...
Un corazón en el silencio es un corazón de virgen, es una melodía para el corazón de Dios. La lámpara se consume sin ruido ante el Sagrario, y el incienso sube en silencio hasta el trono del Salvador: así es el silencio del amor. En los grados precedentes, el silencio era todavía la queja de la tierra; en éste el alma, a causa de su pureza, empieza a aprender la primera nota de este cántico sagrado que es el cántico de los cielos.
7° Silencio de la naturaleza, del amor propio
Silencio a la vista de la propia corrupción, de la propia incapacidad. Silencio del alma que se complace en su bajeza. Silencio a las alabanzas, a la estima. Silencio ante los desprecios, las preferencias, las murmuraciones; es el silencio de la dulzura y de la humildad. Silencio de la naturaleza ante las alegrías o los placeres. La flor se abre en silencio y su perfume alaba en silencio al creador: el alma interior debe hacer lo mismo. Silencio de la naturaleza en la pena o en la contradicción. Silencio en los ayunos, en las vigilias, en las fatigas, en el frío y el calor. Silencio en la salud, en la enfermedad, en la privación de todas las cosas: es el silencio elocuente de la verdadera pobreza y de la penitencia; es el silencio tan amable de la muerte a todo lo creado y humano. Es el silencio del yo humano transformándose en el querer divino. Los estremecimientos de la naturaleza no podrían turbar este silencio, porque está por encima de la naturaleza.
8° Silencio del espíritu
Hacer callar los pensamientos inútiles, los pensamientos agradables y naturales; sólo éstos dañan al silencio del espíritu, y, no el pensamiento en sí mismo, que no puede dejar de existir. ¡Nuestro espíritu quiere la verdad, y nosotros le damos la mentira! ¡Ahora bien, la verdad esencial es Dios! ¡Dios basta a su propia inteligencia divina, y no basta a la pobre inteligencia humana!
Por lo que mira a una contemplación de Dios sostenida, inmediata, no es posible en la debilidad de la carne, a no ser que Dios conceda un puro don de su bondad; pero el silencio en los ejercicios propios del espíritu consiste; en relación a la fe, en contentarse con su luz oscura. Silencio a los razonamientos sutiles que debilitan la voluntad v disecan el amor. Silencio en la intención: pureza, simplicidad; silencio a las búsquedas personales; en la meditación, silencio a la curiosidad; en la oración, silencio a las propias operaciones, que no hacen más que obstaculizar la obra de Dios. Silencio al orgullo que se busca en todo, siempre y en todas partes; que quiere lo bello, el bien, lo sublime; es el silencio de la santa simplicidad; del desprendí-miento total de la rectitud.
Un espíritu que combate contra tales enemigos es semejante a esos ángeles que ven sin cesar la Faz de Dios. Esta es la inteligencia, siempre en el silencio, que Dios eleva hasta sí.
9° Silencio del juicio
Silencio cuanto a las personas, silencio cuanto a las cosas. No juzgar, no dejar ver la propia opinión. No tener opinión a veces, es decir, ceder con simplicidad, si nada se opone a ello por prudencia o por caridad. Es el silencio de la bienaventurada. y santa infancia, es el silencio de los perfectos, el silencio de los ángeles y de los arcángeles, cuando siguen las órdenes de Dios. ¡Es el silencio del Verbo encarnado!
10° Silencio de la voluntad
El silencio a los mandamientos, el silencio a las santas leyes de la regia, no es, por decirlo así, más que el silencio exterior de la propia. Voluntad. El Señor tiene algo que enseñarnos de mas profundo y de más difícil: el silencio del esclavo bajo los golpes de su amo. Pero ¡feliz esclavo, pues el Amo es Dios! Este silencio es el de la víctima sobre el altar, es el silencio del cordero que es despojado de su vellocino, es el silencio en las tinieblas, silencio que impide pedir la luz, al menos la que alegra. Es el silencio en las angustias del corazón, en los dolores del alma.; el silencio de un alma que se vio favorecida por su Dios, y que, sintiéndose rechazada por El; no pronuncia ni siquiera estas palabras: ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Es el silencio en el abandono, el silencio bajo la severidad de la mirarla de Dios, bajo el peso de su mano divina; el silencio sin otra queja que la del amor. Es el silencio de la crucifixión, es más que el silencio de los mártires, es el silencio de la agonía de Jesucristo. Si, este silencio es su divino silencio, y nada es comparable a su voz, nada resiste a su oración, nada es más digno de Dios que esta clase de alabanza en el dolor, que este fiat en el lagar; que este silencio en el trabajo de la muerte.
Mientras esta voluntad humilde y libre, verdadero holocausto de amor, se destroza v se destruye para la gloria del nombre de Dios, El la transforma en su voluntad divina. Entonces ¿qué falta para su perfección? ¿Qué se requiere todavía para la unión? ¿Qué falta para que Cristo sea acabado en esta alma? Dos cosas: la primera es el último suspiro del ser humano, la segunda es una dulce atención al Bien Amado cuyo beso divino es la inefable recompensa.
11° Silencio consigo mismo
No hablarse interiormente, no escucharse, no quejarse ni consolarse. En una palabra, callarse consigo mismo, olvidarse a si mismo, dejarse solo, completamente solo con Dios; huirse, separarse de sí mismo. Este es el silencio más difícil, y sin embargo es esencial para unirse a Dios tan perfectamente como pueda hacerlo una pobre creatura, que, con la gracia, llega a menudo hasta aquí, pero se detiene en este grado, por que no lo comprende y lo practica menos aún. Es el silencio de la nada. Es más heroico que el silencio de la muerte.
12° Silencio con Dios
Al comienzo Dios decía al alma: "Habla poco a las creaturas y mucho conmigo”. Aquí le dice. "No me hables más”. El silencio con Dios es adherirse a Dios, presentarse y exponerse ante Dios, ofrecerse a El, aniquilarse ante El, adorarlo, amarlo, escucharlo, oírlo, descansar en El. Es el silencio de la eternidad; es la unión del alma con Dios.




viernes, 13 de febrero de 2015

Lo que Ocurre en la Santa Misa - Preparando la Cuaresma - Tiempo de reconciliación

Que Dios todopoderoso escuche nuestra oración para vivir una cuaresma llena de gracias. 

A partir del 18 de Febrero estaremos de nuevo viviendo la cuaresma, que es un tiempo ideal para reconciliarnos con Dios, para hacer un alto en el camino y preguntarnos: ¿Que piensa Dios de mi? ¿Tengo mis manos llenas de obras que agradan a Dios? 

Es el tiempo ideal para dejar de complacerme  y empezar a complacer a Dios.

Es tiempo para perdonar a todos aquellos que me han hecho daño y de orar por la conversión de ellos.  

Los católicos somos diferentes al resto de la raza humana, pues nosotros no buscamos venganza, le dejamos el juicio a Dios, nosotros buscamos perdonar y cuando no podemos perdonar le pedimos a Jesús y a María que nos ayuden a perdonar aquellas cosas que parecen imperdonables… pues este es el ejemplo que nos dio nuestro Maestro y Señor quien murió pidiendo al Padre perdón por los que lo estaban matando.

También es el tiempo ideal para reconocer que no soy perfecto y para orar por todos aquellos a quienes he ofendido a lo largo de la vida.

Durante la cuaresma le invitamos a rezar el Santo Viacrucis todos los viernes, ya que esta antigua devoción nos acorta el tiempo que posiblemente pasaremos en el purgatorio y nos genera conversión.  También libera muchas almas del purgatorio y nos ayuda a tener una relación más cercana e intima con Jesús.  Aquellos que ya han recibido el Espíritu de Oración están invitados a hacer el viacrucis cada día durante la cuaresma (ósea una novena de 40 viacrucis).

Pero lo más importante de todo es ir a reconciliarnos con el Señor (confesión) e ir a la misa.



Para bajar el libro desde slideshare.net

http://es.slideshare.net/krouillong/09-la-santa-misa?next_slideshow=1


domingo, 8 de febrero de 2015

CONVERTÍOS: Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. (Mt 9, 13)


He pecado
Concupiscencia. 
Los hombres estamos inclinados al mal, porque el pecado original nos ha dejado una huella de maldad, que a pesar de que hemos sido bautizados y el pecado original se ha borrado, quedan consecuencias, es decir, inclinaciones hacia el mal, llamadas concupiscencias, de modo que nos resulta más fácil hacer el mal que hacer el bien.
Por eso como dice Job en la Sagrada Escritura: “Es milicia la vida del hombre sobre la tierra”. Por supuesto que esto es así para quien quiere mantenerse en el bien y ser bueno, cumpliendo los mandamientos, porque para quien no le importa pecar continuamente, es fácil la vida. Sin embargo quien realmente quiere mantenerse en gracia y amistad de Dios, y salvarse e ir al Cielo, tendrá un duro combate, que será más encarnizado a los principios, pues el demonio no querrá perder su presa y usará toda su maldad para hacernos acobardar y volver atrás.
Podemos caer una y mil veces en pecado, pero lo que no debemos hacer es abandonarnos a esta realidad, porque en el Cielo hay muchísimos santos que fueron más pecadores que nosotros, aunque jamás se cansaron de levantarse de sus caídas.
Caer, caeremos muchas veces quizás, pero no por eso Dios nos dejará de amar, sino por el contrario, es como que Dios mismo se “empecinará”, por decirlo de alguna manera, en ayudarnos y sacarnos del barro. Basta que tendamos la mano al Señor cada vez que caemos.


Confío en tu Misericordia
No se agota la Misericordia. 
La Misericordia de Dios no se agota por más grande y grave que haya sido nuestro pecado. Aunque fuéramos el mismo demonio, y tuviéramos todos los pecados del mundo y del universo, si nos arrepentimos y pedimos perdón a Dios, Él nos perdona, y es más, nos ayuda a que seamos grandes santos, porque justamente quienes son muy pecadores, están preparados para llegar a ser grandísimo santos. Como Lucifer, que era el más bello y potente de los ángeles, cuando cayó, cayó a lo más hondo del abismo. También  nosotros, si hemos caído muy bajo en el abismo del mal, es porque Dios nos tiene destinado un lugar muy alto en el Cielo, y si acogemos su Misericordia, entonces podremos llegar, algún día, a ocupar ese puesto de privilegio en el Cielo.
Si hemos sido osados en el mal, sin importarnos el qué dirán, ahora que Dios nos perdona, tenemos que ser también descarados en hacer el bien, para reparar el mal que hemos hecho y hacer méritos en el camino del bien.
Seamos como esos niños que rompen un juguete valioso, pero que se lo presentan al padre, confiados de que él lo puede arreglar todo. También nosotros cuando pecamos gravemente, es como que rompemos la belleza de nuestra alma. Pero Dios Padre puede arreglarlo todo y darnos una belleza muy superior a la que teníamos antes del pecado.
Nada es irreparable, absolutamente nada, siempre y cuando estemos vivos en este mundo, porque ya llegada la muerte, no hay tiempo para obtener misericordia de Dios.

Quiero cambiar
Deseo. 
El deseo de cambiar, de convertirnos, debe ser como el motor que nos impulse a poner los medios de nuestra parte, para cambiar realmente. Pero no esperemos cambiar de la noche a la mañana, porque si bien hay conversiones radicales, quizás nosotros tengamos por el momento sólo el deseo de cambiar. Por algo se empieza, y el buen deseo debe ser como el motor que nos empuja a ser mejores cada día, a cada momento, porque la conversión no es un proceso de un momento, sino es algo que dura toda la vida.
Si bien dicen que el camino al Infierno está sembrado de buenos propósitos, dando a entender con ello que muchos de los que ahora padecen las penas eternas, en vida hicieron muchos buenos propósitos y promesas de cambiar, pero no los cumplieron; también es cierto que si no formulamos nunca los propósitos de ser mejores y santos, nunca lo seremos.
Así que aprovechemos cada nuevo año que comienza, cada mes, cada semana, cada día que empieza y propongámonos de ser mejores, de convertirnos más a Dios, de ser santos. Y aunque nos parezca que en lugar de avanzar, retrocedemos, por lo menos que el deseo quede intacto y siempre sea el norte que nos marque el rumbo.
Recordemos que si tenemos el deseo de ser buenos, de ser santos, no es un deseo que nos ha brotado porque sí, sino que es Dios quien lo ha puesto en nuestro corazón. Y si Dios nos pone algo en el corazón y en la mente, es porque quiere ayudarnos a alcanzarlo, y es posible alcanzarlo. Dios no juega con nosotros ni con nuestros sentimientos.

Quiero ser perfecto
Se puede. 
Si no se pudiera llegar a ser perfectos como lo es Dios, entonces Dios directamente no lo habría mandado, porque Dios, la suma Inteligencia, no podría mandarnos algo imposible. Sin embargo Jesús en su Evangelio dice claramente: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.
Siendo las cosas así, tenemos que lanzarnos a la cima de la perfección, porque si Dios lo quiere, y lo manda, es señal de que es no sólo posible, sino relativamente fácil, ya que lo manda a todos los hombres, no a un grupo de elegidos o a personas especiales, sino a todos los hombres sin distinción de edad ni condición.
Entonces ya no tenemos excusas para no ser perfectos, porque con nuestro deseo y la ayuda de Dios, si ponemos los medios necesarios, entonces llegaremos a ser santos, porque Dios morará en nosotros y seremos como Dios, no como lo sugirió el demonio a nuestros primeros padres, sino a la manera de Dios.
No debemos detenernos diciendo: “Yo ya llegué a la perfección”, porque justamente esa frase nos indicaría que todavía somos muy imperfectos, al menos no humildes.
Tenemos que seguir perfeccionándonos toda nuestra vida, porque comparados con Dios, siempre tenemos modo de perfeccionarnos más para alcanzar el divino modelo.
Hay que apuntar bien alto en la vida espiritual, para que al menos lleguemos a lo básico en nuestra santificación, pues si apuntamos bajo, quizás no nos alcance ni siquiera para salvarnos del Infierno.