FUENTE INAGOTABLE DE LUZ

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¡ILUMÍNANOS!

Sagrados Corazones Unidos del AMOR SANTO

Sagrados Corazones Unidos del AMOR SANTO
Sagrados Corazones de Jesús y María, unidos en el amor perfecto,

lunes, 25 de marzo de 2013

Bendición y Primera Hora de la Pasión


BENDICIÓN EN
LA DIVINA VOLUNTAD.

 En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.   Amén.
 (Nombre)...  te quiero bendecir con la misma bendición con que Jesús bendijo a su Madre Santísima, antes de comenzar su Pasión.
Así pues por medio e intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, Madre y Reina de la Divina Voluntad, te bendigo para imprimir en ti el triple sello de las Tres Divinas Personas, para que tú resurjas de tu decaimiento para vivir en el Divino Querer.
Esta bendición en el nombre del Padre  +  comunique e imprima en tu voluntad el sello de su Poder, restituyéndola  como soberana de todo.
En nombre del Hijo Jesús  +  comunique e imprima en tu inteligencia el sello de su Sabiduría.
Y en el nombre del Espíritu Santo  +  comunique e imprima en tu memoria el sello de su Amor.
Se te restituyan las fuerzas del alma y del cuerpo. Que te sanen de toda enfermedad espiritual y corporal y tu alma sea enriquecida y embellecida de todo bien y virtud.
Y para rodearte de defensa contra el demonio, el mundo y la carne, junto con Jesús bendigo todas las cosas creadas por El, a fin de que tú las recibas benditas por El.  
Te bendigo la luz  +  el aire, el agua, el fuego, el alimento, todo, a fin de que quedes abismado y cubierto con esta bendición.
 Junto con Jesús te bendigo el corazón,  la mente,  los ojos,  los oídos,  la nariz,  la boca,  las manos,  los pies,  el cuerpo,  las entrañas,  la respiración,  el movimiento,  todo.
Te bendigo para ayudarte,   te bendigo para defenderte,  te bendigo para perdonarte,   te bendigo para librarte de  todo mal,  te bendigo para consolarte,  te bendigo para hacerte sant@.
Te bendigo,  pues,  en el nombre del Padre +  y del hijo + y del Espíritu Santo  +  Amen. 

Jesús por medio de Luisa pone a nuestro alcance esta  oración  como un remedio muy eficaz,  para  poder protegernos entre nosotros y como leeremos a continuación:  Él también desea nuestras Bendiciones  este es uno de los motivos principales de Hacer las Horas de la Pasión,  ir conociendo el interior de Jesús y sus mas sublimes deseos, mismos que sin merecimiento alguno, vamos descubriendo por este medio.



Fragmento de la Primera Hora de la Pasión.
(...)Oh Celestial Mamá mía, ¿sabes qué quiere de Ti el adorado Jesús? No quiere otra cosa que tu última bendición.
Es verdad que de todas las partes de tu ser no salen sino bendiciones y alabanzas a tu Creador, pero Jesús al despedirse de Ti quiere oír las dulces palabras:
“Te bendigo oh Hijo.” Y este te bendigo aleja todas las blasfemias de sus oídos, y dulce y suave desciende a su corazón; y casi como para poner una defensa a todas las ofensas de las criaturas, Jesús quiere tu “te bendigo.”
Yo me uno a Ti, oh dulce Mamá, sobre las alas del viento quiero girar por el Cielo para pedir al Padre, al Espíritu Santo, a todos los ángeles, un “te bendigo” para Jesús, a fin de que yendo a Él le pueda llevar sus bendiciones.
Y aquí en la tierra quiero ir a todas las criaturas y pedir de cada labio, de cada latido, de cada paso, de cada respiro, de cada mirada, de cada pensamiento, bendiciones y alabanzas a Jesús, y si ninguno me las quiere dar, yo quiero darlas por ellos.
Oh dulce Mamá, después de haber girado y vuelto a girar para pedir a la Trinidad Sacrosanta, a los ángeles, a todas las criaturas, a la luz del sol, al perfume de las flores, a las olas del mar, a cada soplo de viento, a cada llama de fuego, a cada hoja que se mueve, al centellear de las estrellas, a cada movimiento de la naturaleza un “te bendigo”, vengo a Ti y uno mis bendiciones a las tuyas.
Dulce Mamá mía, veo que recibes consuelo y alivio por esto, y ofreces a Jesús todas mis bendiciones en reparación de las blasfemias y maldiciones que Él recibe de las criaturas.
Pero mientras te ofrezco todo, oigo tu voz temblorosa que dice: “Hijo, bendíceme también a Mí.”
Oh dulce amor mío, Jesús, bendíceme también a mí junto con tu Mamá, bendice mis pensamientos, mi corazón, mis manos, mis obras, mis pasos, y junto con tu Mamá bendice a todas las criaturas.(...)
Vol. 5 Octubre 3, 1903 
(1) Mientras estaba pensando en la hora de la Pasión cuando Jesús se despidió de su Madre para ir a la muerte y se bendijeron mutuamente, y estaba ofreciendo esta hora para reparar por aquellos que no bendicen en cada cosa al Señor, sino más bien lo ofenden, para impetrar todas aquellas bendiciones que son necesarias para conservarnos en gracia de Dios y para llenar el vacío de la gloria de Dios, como si todas las criaturas lo bendijeran.
Mientras esto hacía, lo he sentido moverse en mi interior, y decía:
(2) “Hija mía, en el acto de bendecir a mi Madre intenté también bendecir a cada una de las criaturas en particular y en general, de modo que todo está bendecido por Mí:
Los pensamientos, las palabras, los latidos, los pasos, los movimientos hechos por Mí, todo, todo está avalado con mi bendición.
También te digo que todo lo bueno que hacen las criaturas, todo fue hecho por mi Humanidad, para hacer que todo el obrar de las criaturas fuera primero divinizado por Mí.
Además de esto, mi vida continúa todavía real y verdadera en el mundo, no sólo en el Santísimo Sacramento, sino también en las almas que se encuentran en mi Gracia, y siendo muy restringida la capacidad de la criatura, no pudiendo tomar de una sola todo lo que Yo hice, hago de manera que un alma continúe mis reparaciones, otra las alabanzas, alguna otra el agradecimiento, alguna otra el celo de la salud de las almas, otra mis sufrimientos y así de todo lo demás, y según me correspondan así desarrollo mi vida en ellas, así que piensa en que estrechuras y penas me ponen, pues mientras Yo quiero obrar en ellos, ellos no me hacen caso”.
(3) Dicho esto ha desaparecido, y yo me he encontrado en mí misma.

jueves, 21 de marzo de 2013

PROTECCIÓN, CORTE Y RENUNCIA


ORACIONES DE PROTECCION, CORTE Y RENUNCIA. EL PODER SEL SEÑOR NO TIENE LIMITES


Busquen su fuerza en el Señor, en su Poder irresistible. Protéjanse con toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan estar firmes contra los engaños del diablo.

Porque no estamos luchando contra poderes humanos, sino contra malignas fuerzas espirituales del aire, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre el mundo de tinieblas que nos rodea (Ef 6, 10-13).


Manténganse firmes, revestidos de la verdad y protegidos por la rectitud. Estén siempre listos para salir a anunciar el mensaje de paz. Sobre todo, que su fe sea el escudo que los libre de las flechas encendidas del Maligno.
Que la salvación sea el casco que proteja su cabeza, y que la Palabra de Dios sea la espada que les da el Espíritu Santo. No dejen ustedes de Orar, rueguen y pidan a Dios siempre, guiados por el Espíritu (Ef 6, 14-18).


OREMOS:
Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo el Señor, esta casa con todo lo que es, con todo lo que tiene. Sello y protejo la puerta principal, de tal manera que todos los que entren o salgan, se experimenten profundamente protegidos, por la Preciosísima Sangre de Jesucristo, el Señor.
Sello y protejo: todas las paredes, el techo, todos los rincones, cada una de las columnas y a través de ellas. Sello y protejo, los 4 puntos cardinales de esta casa.
Sello y protejo el suelo, el subsuelo, y debajo del subsuelo. Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo, el Señor, todos los cimientos a partir de los cuales se levantó esta casa.
Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo, el Señor, todo el material con que se construyó: ladrillos, cemento, varillas, y block. Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo, el Señor, todas las instalaciones de luz, tuberías de gas, agua, y toda la cañería.
Incluso, sello y protejo, con la Sangre de Jesucristo, el Señor, la pintura con la que está revestida. Sello y protejo todas las puertas de todos los cuartos, al igual que todas las ventanas. Sello todas las áreas de esta casa, los dormitorios; sello la sala, la cocina, el comedor, los baños.
Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo el Señor, cada objeto contenido, cada mueble, cama, adorno. Todo, absolutamente todo lo contenido en esta casa. Pido a Jesús, que toda ella sea bañada con su Preciosísima Sangre, de tal manera que nada ni nadie pueda provocarnos ningún daño.
Sello y protejo todos los límites de esta casa, de tal manera que nada, absolutamente de lo que la rodea, pueda provocarnos algún daño, ni a mí, ni a los míos, ni a cualquiera de mis parientes, amigos o visitantes. Amén. Amén. Amén.



DETENTE ENEMIGO: ORACIONES CATOLICAS DE PROTECCION CONTRA EL MAL, EN AUDIO MP3 (Padre Moisés Cuevas Torres)

(Descargar Oraciones Católicas de Protección, en texto y audio mp3)





ORACION A JESUS, EL JUSTO JUEZ:


En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor Jesucristo, Dios de vivos y muertos, Eterno Sol de Justicia, encarnado en el casto vientre de la Virgen María, por la salud del linaje humano, Justo Juez, Creador del Cielo y de la Tierra, y muerto en la Cruz por mi amor. Tu que fuiste envuelto en un sudario y puesto en un sepulcro del que al tercer día Resucitaste vencedor de la muerte y del Infierno. Justo y Divino Juez, oye mis súplicas, atiende a mis ruegos, escucha mis peticiones y dales favorable despacho.
Tu voz imperiosa serenaba a las tempestades, sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos como a Lázaro y al hijo de la viuda de Nahím. El imperio de tu voz ponía en fuga a todos los demonios, haciéndolos salir de los cuerpos poseídos, y dio vista a los ciegos, habla a los mudos, oído a los sordos y perdón a los pecadores, como a la Magdalena y al paralítico de la piscina. Tu te hiciste invisible a tus enemigos, a tu voz retrocedieron cayendo por tierra en el huerto, los que fueron a aprisionarte, y cuando expirabas en la Cruz, a tu poderoso acento se estremecieron los orbes.
Tú abriste las cárceles a Pedro y lo sacaste de ellas sin ser visto por la guardia de Herodes; tú salvaste a Dimas y perdonaste a la adúltera. Te suplico, Justo Juez, me liberes de todos mis enemigos, visibles e invisibles. La sábana santa en que fuiste envuelto me cubra; tu sagrada sombra me esconda, el velo que cubrió tus ojos ciegue a los que me persiguen, y los que me deseen mal ojos tengan y no me vean, manos tengan y no me tienten, oídos tengan y no me oigan, lengua tengan y no me acusen, y sus labios enmudezcan en los tribunales cuando intenten perjudicarme.
Oh Jesucristo, Justo y Divino Juez, favoréceme en toda clase de angustias y aflicciones, lances y compromisos, y has que al invocarte y aclamar al imperio de tu poderosa y Santa voz llamándote en mi auxilio, las prisiones se abran, las cadenas y los lazos se rompan, los grillos y las rejas se quiebren, los cuchillos se doblen y toda arma que sea en mi contra se inutilice; ni los caballos me alcancen, ni los espías me miren ni me encuentren.
Tu Sangre me bañe, tu manto me cubra, tu mano me bendiga, tu Poder me oculte, tu Cruz me defienda, y sea mi escudo en la vida y en la hora de mi muerte.
Ho Justo Juez, Hijo del Eterno Padre, que con El y con el Espíritu Santo eres un solo Dios verdadero; oh Verbo Divino hecho hombre, yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad, para que libre de todos los peligros y me glorifique tu Santo Nombre. Amén.
Divino y Justo Juez, acompáñame en mi vida, oh Verbo divino hecho hombre, yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad para que me libres de todos los peligros y me glorifique tu Santo Nombre. Amén.
Divino y Justo Juez, acompáñame en mi vida, líbrame de todo peligro y accidente; defiéndeme de mis enemigos y socórreme en mis necesidades. Amén.





ORACION A SAN BENITO ABAD:

Glorioso Padre Benito, ayúdanos en la lucha contra el demonio, el mundo y la carne. Aleja de nosotros cualquier influencia maligna, las tentaciones, el poder del Mal, los peligros para nuestro espíritu y para nuestro cuerpo.
Ayúdanos a confiar en el Amor de Dios nuestro Padre, en la Fuerza de Cristo nuestro Salvador, y en la Presencia del Espíritu Santo nuestro Defensor. Amén.





ORACION DE PROTECCION CORAZA DE SAN PATRICIO:

Me envuelvo hoy día y ato a mi una Fuerza Poderosa, la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres Personas, la confesión de la Unidad del Creador del Universo.
Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza de Cristo, con su bautismo, la fuerza de su Crucifixión y entierro, la fuerza de su Resurrección y Ascensión, la fuerza de su vuelta para el Juicio de la Eternidad.
Me envuelvo y ato a mí la fuerza proveniente de los méritos de todos aquellos que ya están unidos a Dios para siempre en la eternidad, especialmente la fuerza de los méritos de María Santísima, San José, San Juan Bautista y mis Santos Patronos.
Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza del Espíritu Santo que fortaleció a los Apóstoles en Pentecostés, la fuerza del amor de los Querubines, la obediencia de los Ángeles, el servicio de los Arcángeles, la esperanza de la resurrección para el premio, las Oraciones de los Patriarcas, las predicciones de los Profetas, las predicaciones de los Apóstoles, la fe de los Mártires, las buenas obras de los Confesores.
Me envuelvo hoy día y ato a mí el Poder del Cielo, la luz del sol, el brillo de la luna, el resplandor del fuego, la velocidad del rayo, la rapidez del viento, la profundidad del mar, la firmeza de la tierra, la solidez de la roca.

Me envuelvo hoy día y ato a mí la Fuerza de Dios para orientarme, el Poder de Dios para sostenerme, la Sabiduría de Dios para guiarme, el ojo de Dios para prevenirme, el oído de Dios para escucharme, la Palabra de Dios para apoyarme, la mano de Dios para defenderme, el camino de Dios para recibir mis pasos, el escudo de Dios para protegerme, los Ejércitos de Dios para darme seguridad contra las trampas de los demonios, contra las tentaciones de los vicios, contra las malas inclinaciones de la naturaleza, contra todos los que desean el mal, de palabra, obra y pensamiento, de lejos y de cerca, estando yo solo o en la multitud.

Convoco hoy día a todas las Fuerzas Poderosas, que están entre mí y esos males, para oponerlas contra los encantamientos de los falsos profetas, contra las leyes negras del paganismo, contra las leyes falsas de los herejes, contra la astucia de la idolatría, contra los conjuros de las brujas, brujos y magos, contra todos los que me envidian y planifican cómo destruirme, contra la curiosidad que daña el cuerpo y el alma del hombre.

Invoco a Cristo para que me proteja hoy contra el veneno, el incendio, el ahogo, las heridas, para que pueda yo alcanzar abundancia de premio.

Cristo conmigo, Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Cristo en mí, Cristo sobre mí, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda, Cristo debajo de mí, Cristo en la anchura, Cristo en la longitud, Cristo en la altura.
Invoco a Cristo para que este en el corazón de todo hombre que piensa en mí, Cristo en la boca de todos los que hablan de mí, Cristo en todo ojo que me ve, Cristo en todo oído que me escucha.

Me envuelvo hoy día y ato a mí una Fuerza Poderosa; la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres Divinas Personas, la confesión de la Unidad del Creador del Universo.
Del Señor es la Salvación, el Señor es la fuerza de la Salvación, Cristo es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian para servirle con santidad y justicia, en su presencia todos nuestros días. Amén.



 

Arcángel San Miguel

ORACION A SAN MIGUEL ARCANGEL:

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Gloriosísimo Príncipe de los Ejércitos Celestiales, San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate contra las principados y potestades, contra los gobernadores de estas tinieblas, contra los espíritus de maldad en los aires ¡ven en auxilio de los hombres que Dios ha hecho a su Imagen y semejanza, y rescatado a tan alto precio de la tiranía del demonio!
Eres tú a quien venera la Santa Iglesia como su Guardián y su Protector; a ti ha confiado el Señor las almas, redimidas para introducirlas en la felicidad del Cielo. Ruega al Dios de Paz que aplaste a Satanás bajo tus pies, a fin de despojarle de todo poder de retener cautivos a los hombres y de perjudicar a la Iglesia.
Dígnate presentar al Altísimo nuestras Oraciones para que prontamente desciendan sobre nosotros las Misericordias del Señor, y vence a la antigua serpiente que es el diablo o Satanás, para precipitarlo encadenado a los abismos, de manera que no pueda ya jamás seducir a las Naciones. Amén.





EXORCISMO DEL PAPA LEON XIII: (Oración de su Santidad León XIII contra Satanás)

En el Nombre de Jesucristo nuestro Dios y Señor, con la Intercesión de la Inmaculada Virgen María Madre de Dios, de San Miguel Arcángel, de los Santos Apóstoles San Pedro y Pablo, y de todos los Santos (apoyados en la Autoridad Sagrada de nuestro Ministerio -Los que no son Sacerdotes supriman esta frase entre paréntesis-), nos proponemos con confianza rechazar los ataques y las acechanzas del demonio.
Levántese Dios y sean disipados sus enemigos, y huyan de su Presencia los que le aborrecen. Desvanézcanse como el humo, como la cera se derrite al fuego, así perezcan los pecadores a la vista de Dios.
He aquí la Cruz del Señor + ¡huyan potestades enemigas! León de la tribu de Judá, el vástago de David ha vencido.
Tu Misericordia Señor, esté con nosotros conforme a la esperanza que en ti tenemos.
Te exorcizamos espíritu inmundo quienquiera que seas, potencia satánica, invasión del enemigo infernal, legión, reunión o secta diabólica.

En el Nombre y por la virtud de Jesucristo (+ hacemos la Señal de la Cruz)

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el Nombre y por la virtud de Jesucristo nuestro Señor (+ hacemos la Señal de la Cruz),

Arrancado y arrojado seas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios, y rescatadas por la Preciosa Sangre del Divino Cordero (+ hacemos la Señal de la Cruz).

No te atreverás en adelante pérfida serpiente, a engañar al género humano ni a perseguir a la Iglesia de Dios, ni a sacudir y cribar como al trigo a los elegidos de Dios (+hacemos la Señal de la Cruz), Te lo manda el Dios Altísimo (+hacemos la Señal de la Cruz), a Quien en tu grande orgullo pretendes hacerte semejante.
El, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.
Te lo manda Dios Padre (+hacemos la Señal de la Cruz),
Te lo manda Dios Hijo (+hacemos la Señal de la Cruz),
Te lo manda Dios Espíritu Santo (+hacemos la Señal de la Cruz),
Te lo manda Cristo el Verbo Eterno de Dios que se hizo carne (+hacemos la Señal de la Cruz), El cual, para la salvación de nuestra raza perdida por tu envidia, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte.
Ha establecido su Iglesia sobre la piedra sólida, y ha prometido que las puertas del Infierno, no prevalecerán jamás contra ella, queriendo permanecer con ella todos los días hasta la consumación de los siglos.
Te lo manda la Señal de la Santa Cruz, te lo manda la Poderosa Madre de Dios la Virgen María(+hacemos la Señal de la Cruz),la cual desde el primer instante su Inmaculada Concepción aplastó con su humildad tu orgullosa cabeza.
Te lo manda la fe de los Apóstoles San Pedro y San Pablo y de los demás Apóstoles (+Se hace la Señal de la Cruz),
Te lo manda la sangre de los Mártires y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas(+hacemos la Señal de la Cruz),
Por el Dios Verdadero, (+hacemos la Señal de la Cruz),
Por el Dios Santo (+hacemos la Señal de la Cruz),
Por el Dios que ha amado tanto al mundo que le ha dado su único Hijo, a fin de los que crean en El no perezcan, sino que tengan la Vida Eterna.

Cesa de engañar a la creaturas humanas y de derramar en ellas el veneno de la eterna condenación, cesa de hacer daño a la Iglesia y de poner obstáculos a la libertad ¡vete Satanás!, inventor y maestro de todo engaño, Enemigo de la Salvación de los hombres ¡cede su lugar a Cristo!, en quien no has hallado ninguna de tus obras.
Cede su lugar a la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica, que nuestro Señor Jesucristo adquirió a costa de su Sangre ¡humíllate bajo la Poderosa mano de Dios! Tiembla y huye a la invocación hecha por nosotros del Santo y Terrible Nombre de Jesús que hace temblar a los Infiernos, al cual obedecen las Potestades y las Dominaciones, y que los Querubines y Serafines alaban sin cesar en sus conciertos diciendo ¡Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos!
Señor, escucha mi Oración, (todos)... “y llegue a ti nuestro clamor”.
El Señor esté con ustedes, ... “y con tu espíritu”

ORACION:

Dios del Cielo, Dios de la Tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes. Dios que puedes dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios sino tú, Creador de todas las cosas visibles e invisibles, cuyo reino no tendrá fin. Con humildad nos dirigimos a tu Soberana Majestad rogándote te dignes librarnos. Amén.
De las acechanzas del Demonio, ...líbranos Señor.
Que te dignes Señor conceder a tu Iglesia la seguridad y la libertad para servirte,... te rogamos Señor nos escuches.
Que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia, ... te rogamos Señor nos escuches.
Amén (se rocía con agua bendita el lugar en que se ha rezado esta Oración).





ORACION DE PURIFICACION: (Necesaria siempre que se Ora por los demás)

Cristo Jesús, Señor mío, te doy las gracias por todo lo que hiciste por mis hermanos, que fueron atendidos en tu Nombre.
Te pido que laves y purifiques con tu Sangre Preciosa todo mi ser: cuerpo, alma y espíritu. Que tu Sangre Preciosa Purifique mi interior, mi cerebro, mis células, mi mente, mi pensamiento, mi imaginación, mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad.
Nadie tiene derecho a tocar mi interior; que tu Sangre Señor Jesucristo purifique todo mi exterior, mi cuerpo de cabeza a pies, que me laves de cualquier impureza, infestación, daño o mal, causado en este Ministerio que acabo de desempeñar.
Te entrego toda esclavitud y venganza que el Enemigo quisiera ejercer contra, mí como consecuencia de la liberación que haces de tus ovejas; y todo espíritu maligno que quisiera acechar estos lugares, hacerme daño, o dañar a cualquier persona, por el Poder de tu Preciosa Sangre quede atado y amordazado, y lo mandamos cautivo a tus pies. Y tú Cristo Jesús, lo envíes al sitio donde deba estar.
Que esta purificación llegue a toda mi familia dondequiera que se encuentre; en tu Nombre Señor Jesucristo, pido que no quede nada de gloria en mí, vanidad u orgullo. Yo siervo inútil, sólo hice lo que tenía que hacer, pues tu has sido quien ha realizado esta obra en mis hermanos, porque tuyo es el Poder y la Gloria por siempre Señor. Que a mi casa y a todos los lugares donde yo vaya, solo lleve alegría, paz, salud y amor; que yo sea recibido de igual forma.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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ORACION DE RENUNCIA AL FRACASO Y DE LIBERACION A TODO DAÑO CAUSADO POR EL MAL, EN AUDIO MP3 (Fray Pedro Sánchez, Sacerdote Franciscano Exorcista)

(Descargar Oraciones Católicas de Protección, en texto y audio mp3)


 

OREMOS:




Renuncio a todo acto de orgullo, soberbia, prepotencia, vanidad y egolatría.
Renuncio a todo rito de iniciación chamánica, espiritista, espiritualista, masonería, filosofía rosacruz, dianética y a toda secta o sociedad secreta.
Renuncio a todo conocimiento de la nueva era, creencia en la reencarnación, esoterismo, metafísica, meditación trascendental, yoga, a todo acto de curanderismo, a las operaciones espirituales, hipnotismo con regresiones, baños con flores, especies, yerbas, sangre de animales o humana, o con otras substancias con fines mágicos.
Renuncio a toda lujuria, aborto, adulterio, homosexualidad, bisexualidad, incesto, violación, pornografía, bestialismo, promiscuidad y prostitución. A todo lo que yo u otras personas hayan hecho ilícitamente para controlar, nulificar o desbordar mi sexualidad.
En el NOMBRE DE JESUCRISTO, renuncio al culto y veneración a la llamada “ santa muerte “ o al vampirismo, a todo encantamiento, invocación y evocación de muertos, a espiritus custodios, guardianes cósmicos, protectores, espías, vigilantes, a seres espirituales nombrados “ maestros de sabiduría “, o a cualquier otro ser maléfico en forma oculta o manifiesta.
Renuncio a todo acto o juego de mediumunidad, a la ouija, al control mental, al manejo del péndulo, a instrumentos para encontrar “ tesoros ocultos “ o dinero enterrado.
Renuncio también a toda clase de adivinación, sortilegio, lectura de cartas, café y caracoles, a toda forma de astrología, horóscopos o cartas astrales.
Renuncio a los amuletos y talismanes, al tetragramatón, a las herraduras, pirámides, cuarzos, imanes, agujas, sábilas o ajos con moños rojos, imágenes de santos mezcladas con tierra de panteón, limones, velas y veladoras de colores “ curadas “, fetiches y representaciones de mi persona, de cualquier material y forma que se encuentren enterrados, o sean manipulados por mí mismo u otras personas.
Renuncio a toda forma equivocada de “medicina alternativa” que bajo engaños haya ritualizado mi ser al Demonio.
En el NOMBRE DE JESUS, renuncio a toda comida o bebida mezclada con brujería que haya yo ingerido, y a todo lo que haya sido tirado, rociado o untado en mi cuerpo, ropa, zapatos, casa, trabajo, negocio o cualquier pertenencia u objeto que esté cercano a mí, que haya sido maldecido o consagrado al mal.
En el NOMBRE DE JESUCRISTO denuncio, renuncio y echo fuera de mí a todo espíritu de traición, destrucción, muerte, esclavitud, ausencia de Dios, miseria, mendicidad, soltería, infelicidad matrimonial, viudez, orfandad, amargura, envejecimiento o muerte prematura, persecución, problemas con las leyes o la justicia humana, esterilidad, humillación, rechazo, insomnio, deseos de suicidio, aislamiento, locura, soledad, neurosis, depresión, obsesión, miedo, angustia, debilidad, enfermedades crónicas, invalidez, ceguera, sordera, mudez, falta de olfato, imposibilidad de saborear la comida, insensibilidad, celos, inconformidad, incapacidad para vivir, conseguir o conservar un trabajo, una pareja, un matrimonio o una familia.
En el NOMBRE DE JESUS denuncio, renuncio y echo fuera de mí todo espíritu de alcoholismo o de cualquier otra adicción, de mal carácter, de falta de memoria, de falta de control y dominio de mi ser, irrealidad, inconsciencia, envidia, abandono, gula, suciedad, desorden, malos olores crónicos en mi cuerpo, ropa o casa, de falta de fe, esperanza y caridad, de falta de interés en la vida, de desprecio a la Eucaristía y de aborrecimiento o flojera para tener vida de Oración.


En el NOMBRE DE JESUS corto, destruyo y nulifico los medios a través de los cuales fueron hechos los daños antes mencionados: si fueron veladoras, fotos, ropa, tijeras, agujas, fetiches, entierros o lo que haya sucedido.
Renuncio a lo que en forma consciente o inconscientemente haya yo hecho o haya sido hecho por otra persona en mi nombre para obtener poderes, dinero, éxito, buena suerte, o pretender saber el futuro, o bien para conseguir el amor y la salud propios, o ajenos, o tener dominio y control sobre personas, objetos, animales, lugares, espíritus y fuerzas de la naturaleza.
Nulifico los efectos de cualquier práctica contraria al compromiso adquirido a través de mi bautizmo, de fidelidad y reconocimiento a JESUCRISTO como mi único Salvador, a los Sacramentos, a la VIRGEN MARIA, a la IGLESIA CATOLICA; a lo que impida el ejercicio de mi sentido común, capacidad de juicio, entendimiento y voluntad.
Echo fuera de mí todo aquello con lo que haya intentado sustituir el amor y la confianza de JESUS.
Renuncio al rechazo de mis padres, desde el instante de mi concepción, y durante mi vida en el seno materno.
Renuncio al mal que me causaron por intentar abortarme: con yerbas, sustancias químicas, o con objetos punzo cortantes.
Renuncio a todo el rencor que tengo si fui dado en adopción, o abandonado sin haber conocido a mis padres biológicos, o a maldiciones recibidas durante mi gestación.
Nulifico por las LLAGAS DE JESUS todo mandato de fracaso, muerte en vida y suicidio que haya en mí por estas causas, la incapacidad para aceptar el Amor de Dios, para aceptarme a mí mismo o a las personas, para estudiar, trabajar, y ser feliz.
Renuncio a todo lo que sea contrario a la salud, el respeto y la dignidad que como Templo del Espíritu Santo, necesita todo mi ser y que esté impidiendo relacionarme con Dios, con migo mismo, con mi entorno en una forma sana, tener una familia unida, y un trabajo digno y bien remunerado. Porque JESUCRISTO se manifestó para deshacer las obras del Diablo (1 Jn 3,8).
Habiendo denunciado, renunciado y echado fuera de mí todos los espíritus de mal, los envío atados y amordazados a los pies de la SANTA CRUZ, y les prohíbo regresar.
Habiendo nulificado todos los efectos, causas y consecuencias, tomo autoridad, en el NOMBRE DE JESUS, para que caigan todos los bloqueos, tinieblas y barreras que Satanás construyó a mi alrededor y le ordeno a todo ser demoníaco que despojó a mi familia o a mí mismo, que nos devuelva lo que nos quitó.
Padre Santo, te lo ruego, por favor sana toda mi vida, toda mi historia personal; ¡perdóname!, ayúdame, libérame, instrúyeme, bendíceme.
Padre Dios, acepto que tú seas mi Padre, JESUCRISTO mi hermano, la VIRGEN MARIA mi Madre porque hoy, yo (di tu nombre completo) les pertenezco para siempre.
A través de tu SANTO ESPIRITU , guíame para la reparación de todas las faltas que cometí, y enséñame a amar tu voluntad. Gracias Padre. Amén, Amén, Amén.

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JESUS ES EL MEDIADOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES (Cantos Católicos en audio mp3)



JESUCRISTO: EL MEDIADOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES (Letra) 

(Padre Héctor Pernia)


Apocalipsis 8, 3-4 está escrito que en el Cielo están
los Santos Intercediendo ante el Señor por nosotros,
son nuestros amigos, nos llevan hacia Dios (2).

Estamos en Cristo desde el Bautismo, yo le pertenezco, ya le recibí,
Cuando Cristo Mediador Ora al Padre, 
lo hace con su Iglesia, Cuerpo suyo es (2). 

Mira a María en las bodas de Caná, a Cristo intercediendo por su pueblo. Mira a Moisés mediando el también, en el Horeb y a través del desierto. 

Hoy bebemos de su mismo Espíritu, todos participamos de su mediación. Si permanecemos unidos al Señor, 
fieles al Bautismo, haciendo siempre el bien (2). 

Al pedirle a los Santos su intercesión, 
le estoy pidiendo a Cristo su mediación, 
por Cristo, con El y en El ellos son 
su Templo, su Cuerpo y su Gloria. Amén. (2)

Mira a María en las bodas de Caná, a Cristo intercediendo por su pueblo. Mira a Moisés mediando el también, en el Horeb y a través del desierto. (2) 




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Y QUEDARÉ SANO


ENFERMEDADES FISICAS Y ESPIRITUALES: ...Y QUEDARE SANO EN AUDIO MP3 (Padre Moisés Lárraga)










Condiciones que aceleran la curación...




El amor, el perdón, la justicia, la Gracia, y María.



1) El perdón junto al perdón divino.


Jesús es el Mensajero de la Paz, el Príncipe de la Paz. En la persona de Jesús no cabe el odio, el resentimiento, la envidia, la guerra. El vino a este mundo a enseñarnos a los hombres el perdón, y vino a enseñarnos que todos somos hijos del Padre Celestial, que es Padre de todos y nos ama a todos sus hijos sin preferencia alguna. Por eso el libro de los Proverbios nos dice: “la prudencia del hombre domina su ira y su gloria es pasar sobre una ofensa (Prov. 19,11)”. Por eso nosotros nos comprometemos en la Oración del Padre nuestro cuando decimos: “así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt. 6,12)” nuestra boca está siendo la propia medida del perdón que deseamos obtener de nuestro Padre Dios.

Perdón significa arrancar de raíz el odio, el resentimiento que son como llagas hediondas y podridas que están ahí escondidas dentro del corazón ocupando espacio. Muchísimas veces decimos que hemos perdonado e incluso olvidado, y nuestras confesiones se vuelven tan rutinarias que cuando no hay un total perdón, son como esas paredes viejas, húmedas y agrietadas, que les damos “manita de gato” con la brocha pero que solo dura un tiempo corto bonita, pues la humedad la vuelve a manchar y la grieta se vuelve a asomar. En Hechos 7,59 nos dice: “mientras le apedreaban Esteban hacía esta invocación: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Después dobló las rodillas y dijo: Señor, no les tengas en cuenta este pecado; y diciendo esto se durmió”.

Purificarse delante de Dios es justificar al que nos ofende, justificar al que nos ha hecho llorar, a aquél que nos ha humillado, lastimado, pisoteado…¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen! 

Cuantas veces nuestra Oración se queda perdida o suspendida en el aire porque olvidamos muy cotidianamente que a la persona que le guardamos odio, resentimiento o envidia, es también hijo de Dios. Ese Dios bueno y clemente que hace salir el sol sobre buenos y malos, y que claramente nos lo dice en la boca de Jesús: “ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. “Si pues al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo que reprocharte, deja tu ofrenda ahí delante del altar, y vete primero a reconciliar con tu hermano, y luego vuelves y presentas tu ofrenda (Mt 23)” . A Dios no le agradan nuestras ofrendas cuando tenemos el corazón ocupado con el odio, con la envidia y el resentimiento. Parecemos mentirosos delante de Dios cuando le estamos pidiendo que nos perdone, que nos libere o que nos sane, cuando nosotros somos quien con nuestra actitud detenemos la sanidad.

“No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados (Lc. 6,37)”. A veces nos volvemos demasiado exigentes con nuestros semejantes, exigimos más de lo que nosotros somos capaces de dar; exigimos perfección y nosotros no somos perfectos, pedimos perdón y no somos capaces de perdonar, hablamos del amor y no sabemos amar. 

“Cuidaos de vosotros mismos; si tu hermano peca repréndele, y si se arrepiente perdónale, y si peca contra ti 7 veces al día y 7 se vuelve hacia ti diciendo *me arrepiento*, le perdonarás (Lc 17,3)”. 

Guardar rencor es como guardar la madre del vinagre que fermenta el agua, poco a poco irá ese rencor fermentando y aquel rencor se convertirá en una gran enfermedad del alma, que aflorará al cuerpo con otra enfermedad. “No te vengarás ni guardarás rencor contra tus hijos, amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19,18)”. Dios nos exige perdonar para poder creernos que lo amamos, no podemos decirle a Dios que lo amamos y estar odiando al hermano, se nos olvida lo que siente el Padre Dios.
Lucas 6,27 y Mateo 5, 38-48: El nos enseña a perdonar no solo una vez, no dos, sino 70 veces 7 (Mateo 18,21).

Jesús defiende al pecador arrepentido, y por encima de todo y cualquier obstáculo le da Su perdón. Te invito hermano a perdonar ¡te invito a sanar! te invito también a pedir perdón y a reconocer tus errores. Se que si tu haces esto, al final de este librito habrás comenzado un nuevo camino de sanidad, que ni la ciencia con todo su esplendor ha podido lograr.

Examina tu interior y trae a tu memoria a aquellos que te hicieron el mal, toma entre tus manos un Crucifijo y di la siguiente Oración de perdón: “Oh Señor Jesús, hoy quiero poder perdonar con tu ayuda y con el Poder de tu Sangre. Señor Jesús permíteme ir lavándome cada grieta de mi alma con tu Preciosa Sangre; permíteme la Luz del Espíritu Santo, para que pueda alumbrar las áreas oscuras de mi pasado. 
Quizá ahí en un rinconcito esté un gran resentimiento, un grano podrido causado por el odio, el pecado y la falta de amor, y dolor. Quizá mi Jesús no he perdonado porque no soy consciente de ese resentimiento. Ese resentimiento que tal vez lo tenga hacia mi madre, y desde que estaba en su vientre, o hacia mi padre, o a mis hermanos o familiares...



...o a personas que han estado junto de mi. Jesús, tu puedes ser mi Maestro, tu puedes ser mi amigo. Jesús ¡ten piedad de mí! ¡Libérame como liberaste a María Magdalena de aquellos 7 pecados! ¡Jesús libérame y sálvame! ¡Ten piedad de mí y permíteme liberarme cada mañana y cada día al acostarme de cualquier resentimiento! Permíteme decir todos los días con el corazón *perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden* ¡Gracias Señor Jesús!”



2) El amor.


Una exigencia primordial en el proceso de sanidad es el amor. En el enfermo el amor es como un bálsamo que alivia, un bálsamo que da tranquilidad, la paz, la luz al espíritu. Amar significa ponernos los anteojos de Jesucristo. El que nos ha amado tanto tanto que dio su vida por nosotros.
El amor es un mandato, no una forma de sentir. El amor es una decisión; optar por vivir de frente al Padre, optar por imitar los sentimientos de Cristo, y este es un mandamiento: que amemos en Nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a los otros tal como nos lo mandó (1ª Jn 3,23).

Amar a Dios significa manifestarle nuestro amor en el prójimo, pues cuando nosotros ofendemos o lastimamos al prójimo, es a Dios mismo a quien lastimamos y ofendemos. “Quien se burla de un pobre, ultraja a su Hacedor; quien se ríe de la Gracia, no quedará impune (Prov 17,5)”
El Apóstol San Juan muy claramente nos exhorta a ser coherentes en nuestra actitud hacia Dios y hacia el prójimo, “si alguno dice amo a Dios y aborrece a su prójimo, es un mentiroso, pues quien no ama a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1ª Jn 4,20)“.

En la Sagrada Escritura Dios nos recomienda elegir el amor que los bienes: “mas vale un plato de legumbres con cariño, que un buey cebado con odio (Prov. 15,17)”, así que es preferible amar a Dios y al prójimo, que mil promesas, mandas y veladoras. Mas vale el amor que las riquezas, pues “si nos falta el amor no nos sirve de nada aunque hablara las lenguas de los Ángeles y de los Santos, si yo no tengo amor nada soy (1ª Cor 13)”. 
Dios señala el amor como el ayuno que a El le agrada. “Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera el holocausto tu no lo querrías (Sal 51)”. El amor al prójimo hace que brote del corazón la luz de Dios, y la sanidad de nuestras heridas interiores y exteriores. 

El perdón va unido al amor. En Isaías 58,8 la Palabra de Dios nos dice: “entonces brotará la luz como la aurora y tu herida se curará rápidamente. Te precederá la justicia, la Gloria de Yahvé te seguirá. Entonces clamarás y Yahvé te responderá, pedirás socorro y te dirá *aquí estoy*. Resplandecerá en las tinieblas tu luz y lo obscuro de ti será como mediodía. Te guará Yahvé de continuo y hartará en las sequedades tu alma”.
Este texto nos permite comprender la importancia del amor; cómo Dios se manifiesta en aquellos que obedecen sus mandatos. Así que hermanos, ahí tienen una tarea importante en la vida para seguir caminando hacia la sanidad definitiva.

Toma la imagen de Cristo Crucificado y dile: “Señor Jesús, estoy en tu presencia para solicitarte como la samaritana *Señor dame de esa agua que tu tienes*, Señor sana las heridas del desamor que hay en mi corazón. Pongo Señor Jesús en la llaga de tu divino costado todos mis egoísmos, lava Señor con el agua de tu costado mis resentimientos y odios. Señor Jesús enséñame a amar en el prójimo; Señor Jesús quiero imitar tu corazón: tu Corazón Misericordioso, y quiero a través de esta sencilla Oración pedirte que me des el Don del amor. Enséñame a perdonar y a pedir perdón; enséñame Jesús a morir a mis egoísmos como tú ¡enséñame Jesús a justificar!” 




3) La Justicia.


En la Sagrada Escritura la justicia para Job comienza en el amor al prójimo, y el primer mandamiento nos dice: “amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo”. Así que la justicia también debe comenzar en nosotros mismos; una persona que habla de amor y que le dice a otra que la ama y no piensa en Dios, no es digna de Dios. 
Cuando ha dudado o tiene tanto tiempo sin recibir la Gracia del Sacramento del Perdón, o del Sacramento de la Eucaristía, o que vive amancebada o en la situación de pecado establecido, sin importarle que esa misma noche vaya a morir, esa persona es una persona injusta, ya que ignora totalmente los bienes de su Padre Celestial y prefiere vivir comiéndose las bellotas de los cerdos, que disfrutar de los manjares exquisitos que hay en la Casa Paterna Celeste.

Cómo puede una persona hablar de justicia si no es justa consigo misma; cómo puede exigir justicia si no conoce ni vive la justicia. Así que es necesario que dejemos de ser injustos con nosotros mismos. Es entonces que desde el centro del corazón del hombre brillará el deseo de hacer el bien, de dar a cada quien lo que justamente le toca: “no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”.
Así que “la justicia comienza en guardar y poner cabalmente en práctica todos estos mandamientos ante Yahvé nuestro Dios, como El nos lo ha prescrito (Dt 6,25)”.



La justicia es fuente de vida, es fuente de sanidad y es fuente inagotable de amor. La persona justa es reconocida y estimada, y por su justicia brillará delante de Dios y de los hombres; se le reconoce por su don de sabiduría y prudencia, se le reconoce por su poco hablar, pues vigila hasta de no robarle el tempo a las personas, y hasta de no perder el tiempo en conversaciones y cosas inútiles y vanas.
“Quien va tras la justicia hallará vida y honor (Prov. 21,21)”. Al justo Dios lo recompensa con gran abundancia; el justo participa de la heredad de Dios y es reconocido entre los hombres de la tierra como una persona santa y buena. Se vuelve un canal maravilloso del amor de Dios; participan de la saciedad delante de Dios.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque de ellos será la saciedad de Dios (Mt. 5,6)”. Dios ama la justicia, por eso en su Palabra dice: “el justo florecerá”. Sabemos también que Dios por su Justicia –Justicia que ejerce con equidad- juzgará a las Naciones, pues en la justicia es lo que un pueblo encuentra su elevación. Dios reprende la mentira, la explotación, el robo, la calumnia, el soborno, la pérdida de tiempo, los negocios sucios, la prostitución, la ambición, el chantaje. “Maldito aquel que acepta soborno para quitar la vida a un inocente (Dt 27,25)”. Ora conmigo así de esta manera: “Oh Dios de amor y perdón, oh Dios de infinita bondad, hoy vengo junto a tu altar a implorarte perdón. Mas hoy quiero pedirle a tu Corazón ardiente que con ese calor inflame mi corazón de hielo; mas si quisiera fallarte y en el pobre insultarte, no permitas Señor que por mi vanidad se aleje de mi tu celestial manjar”.




4) La Gracia.


Es tan difícil conservar la Gracia cuando nos movemos en un ambiente apático a Dios nuestro Señor. Es tan difícil conservar la Gracia cuando nuestro espíritu se alimenta de todo aquello ligero que el mundo ofrece: la lujuria, la televisión con sus programas deshonestos, la pornografía, la moda desordenada, la música irreverente; las guerras, el hambre, los vicios. 

Parecería que todo todo está fríamente calculado para que el hombre no se alimente de los bienes de Dios. Hoy en día el demonio sigue vistiéndose de luz y engaña ferozmente al pueblo de Dios; a sus consagrados, a sus religiosas y religiosos. A los laicos comprometidos, a los líderes eclesiales y consejos parroquiales; nos engaña dándonos una conciencia laxa, una conciencia justificadora y manipuladora de la Palabra de Dios; a todo le damos disculpa y salida cuando se trata de disculpar el mal en nosotros mismos, pero cuando se trata de ver el mal en los demás somos demasiado críticos ¡despiadadamente críticos!, tenemos ojos muy severos y sentenciadores para el hermano, pero pocas veces nos fijamos en lo bueno de los demás. 

A mi a veces me causa demasiada extrañeza cuando alguien me comenta que tal o cual personaje que se cree importante, se escandalizó por alguna palabra o acto que yo realicé sin afán de ofender o lastimar. Pero fue uno entre mil buenos, no se fijó en ninguno de los buenos, no, solo tuvo mirada para uno que él juzgó mal. Por ejemplo: en un numeroso retiro en un lugar por ahí, yo la noche anterior estuve muy mal, casi no dormí; era muchísima la gente y a la hora del paseo con el Santísimo, entre esa gran multitud que llena de ansiedad emocionada al paso de su Señor y un calor sofocante, y al ir cargando yo la Custodia de bastante peso por espacio de 2 horas, yo sentí en un momento que me tambaleaba, era demasiado el calor y sentí que casi me caía, se caía también mi Señor de mis manos. 

En un acto de amor a mi Jesús no quise que se cayera ni que lo tocaran mas, me lo subí y apoye en el pecho y enseguida por un momento lo apoyé en mis hombros para que no lo tocaran, pues sentí que era la parte más fuerte donde el Señor se sostendría con seguridad. Ahí estaban los ojos críticos y sentenciadores; ahí estaban para ver, según ellos, una irreverencia y no un acto de amor. Ahí estaban para ver un Sacrilegio y no una debilidad humana ¡no vio el peso de la Custodia de 40 kilos!, no vio ni sintió el calor; no vio el cojo que caminó ni el ciego que vio ni al canceroso que sanó ¡no, no los vio!, le faltó la Gracia, le faltó la Gracia Santificante para contemplar el acto de amor y la entrega y la fidelidad ¡no, no vio nada de eso! ¡Sino que sólo que subí el Santísimo a mis hombros y eso era una irreverencia y eso bastaba para condenar! 

San Pedro nos dice en una de sus cartas: “Velad y vigilad porque el demonio anda como león rugiente buscando a quien devorar”. Conservar y cuidar la Gracia requiere de estar tomado continuamente de la mano de Jesús; requiere de reverencias, requiere de alimentarse del Cuerpo de Cristo diariamente, si es posible, de confesarse continuamente, como mínimo cada mes. Conservar la Gracia es igual que estar enamorado; es el enamorado que vigila, que cuida hasta los mínimos detalles de amor para que su enamorado, Cristo, siempre esté contento. La Gracia es un canal de luz hacia la Santidad y hacia la sanidad. Es facilitarle a Jesús el camino para que actúe, pues hay que recordar de tan conocida frase de San Agustín: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, 



y aquel hermoso soneto: “No me mueve mi Dios para quererte, el Cielo que me tienes prometido, ni me mueve el Infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Muéveme tu Señor, muéveme al verte clavado en esa Cruz y encarnecido ¡que aunque no hubiera Cielo yo te amara, y aunque no hubiera Infierno te temiera, pues lo mismo que te quiero te quisiera!” 




5) María Santísima.


Nosotros por nuestra conducta de pecadores, nuestra condición de pecadores, nos entorpecemos de la mente en el momento de Orar. Necesitamos mucho la presencia del Espíritu Santo para que nos ayude a pedir como conviene. Obtener esa experiencia en plenitud es muy difícil si no hay esa entrega total al Señor. Y quien mas entregado con esa totalidad plena que la Santísima Virgen María; ella, la llena de Gracia, la creatura mas amada del Padre. Ella que llevó en sus entrañas purísimas a Jesús el Hijo de Dios. Jesús a la Santísima Virgen no le niega nada, es por eso que nosotros debemos de acudir continuamente a nuestra Madre Santísima, para que ella pida por nosotros como conviene, para que ella Interceda por nosotros.

La Santísima Virgen por ser la Madre del Verbo encarnado, tiene también el Poder que su hijo y el Padre le han otorgado, y ella también nos bendice y nos concede numerosos favores de los grandes tesoros que del Cielo ha recibido y Dios le ha concedido a ella. Ella por ser la primera y única creatura digna y Purísima, encuentra Gracia plena delante del Trono Celestial y de su hijo Jesús. Nuestra Oración no sería completa ni escuchada tan eficazmente, como cuando ella intercede y pide por nosotros.

El rezo del Santo Rosario con el corazón diariamente, es la palanca más fuerte en los labios del enfermo, y de los familiares del enfermo para obtener la intercesión de la Santísima Virgen María. La Virgen María es la enfermera especializada en el pueblo de Dios. De su corazón misericordioso al igual que del Corazón de Jesús Misericordioso, brotan rayos de luz que iluminan al pecador, rayos de luz que calman el dolor, la tristeza y la soledad.

Hay un dicho muy popular que si lo analizamos es muy cierto: “el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”, y que mejor sombra que la Madre del Altísimo, que mejor sombra que la Santísima Virgen María. El Poder de la Intercesión es único en ella. “Dice su madre a los sirvientes: *haced lo que el os diga*“. Ella logró con su intercesión el favor de Cristo.

Hay almas piadosas que se preocupan si están progresando en la virtud o si están estancadas, o mas bien si han retrocedido lamentando tiempos pasados de mayor fervor. Hay un termómetro para reconocer el grado de fervor, por tanto, si el alma va progresando o no en el camino de la perfección: ese termómetro es la devoción a María. No pretendo que toda la vida espiritual consista en la devoción a la Santísima Virgen María, solo se trata de un indicio, así como no consiste la vida en el pulso pero si sirve para conocer sí se ha extinguido o perdura todavía, pero esta devoción debe de ser sólida, es decir, fundada en la doctrina de la Iglesia; genuina y práctica. Es decir, que no consista sólo en idealismos sino en la práctica de la vida cristiana.

Devoción viene de la palabra latina “devotio” que significa consagración, dedicación, entrega, al servicio de Dios. En el lenguaje cristiano este lenguaje consiste desde luego en el cumplimiento de sus mandatos: “el que me ama cumplirá mis preceptos” dice la Palabra de Dios; en rendirle el culto debido, todo lo cual no debe hacer sino el amor de Dios. 

Como se ve, la devoción más que en actos consiste en una disposición habitual; se refiere fundamentalmente a Dios, pero guardada la debida proporción se aplica también a María, su devoción consiste en la Consagración a María, entregándole todo lo que somos y todo lo que hacemos para pertenecer de una manera mas perfecta a su Hijo divino. Es entregarnos y dedicarnos a su servicio, que consiste en obedecer la orden que nos dio: *hagan lo que le les dice*, y todo esto debe ser una manifestación salida del amor y devoción a la Santísima Virgen María. Todo esto es una manifestación de amor y amistad con la Santísima Virgen, y la amistad requiere de una semejanza entre amigos, así que también tenemos que ejercer la caridad, a ejemplo de nuestra Madre y amiga.

Tenemos que esforzarnos en imitar a la Santísima Virgen en sus virtudes, y aunque María fue perfeccionista en todo y llena de virtudes, hay tres, sin embargo, que sus devotos deben esforzarse en adquirir: 

a) una humildad profunda
b) una fuerza luminosa
c) una dulzura exquisita

Concluyamos esta sencilla reflexión de la Santísima Virgen María con este pensamiento: “¿Quién ha exaltado más a Jesús? Ella, la Inmaculada María; la nueva Eva; la bellísima Mujer vestida del Sol. Ella la que tiene la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas (Ap 12,1. 10,6)”.
Ella ha sido colocada por encima de todas las cosas ¡La Reina del Cielo, que está siempre en la Presencia del Trono de Dios Altísimo!
Acudamos a ella con un amor auténtico y con una devoción auténtica. Que nuestro amor a ella nos lleve siempre a procurar honrar y obedecer a su hijo Jesucristo, el Señor de señores. Ella es nuestra Madre; ella, ella es la Señora, la Señora Bonita, la Reina del Cielo, nuestra protectora y defensora, ¡la Inmaculada, nuestra amiga!

Ora continuamente a ella así: “Acuérdate oh piadosísima Virgen María que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamado tu socorro, haya sido abandonado por ti.
Animado con esta confianza a ti también acudo ¡oh Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a presentarme ante tu presencia soberana. No desprecias mis súplicas, oh Santa Madre de Dios, antes bien óyelas y atiéndelas benignamente. Amén”.
 


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